viernes 27 de enero de 2012

Al final del océano.



Llévate el invierno que habita en mí.
Necesito que seas el paraguas que me salva de esta tormenta.
Necesito que seques las gotas de lluvia que resbalan por mi cara.
Necesito que me abrigues el pecho con tus manos.
Trae para mí, otra vez, el sol de la primavera.


Por un segundo pensé que me ahogaba. El agua se abría paso a través de mi garganta y derribaba todo a su paso. Me estaba hundiendo y empapada, casi podía tocar con los dedos del pie la profundidad del océano. Y mientras descendía hasta la más clara oscuridad, se perdían a cada centímetro los sonidos que alguna vez me pertenecieron. Y mientras dejaba de respirar me daba cuenta de que no estaba esforzándome en nadar hacia la superficie. Me dejaba llevar por las corrientes marinas, tratando de llevarme hasta un límite que me hiciera reaccionar.

Dicen que cuando nos alejamos del mundo, ese que un día elegimos habitar, vemos pasar a través de nuestros ojos pedacitos de una vida que suponemos, era nuestra. Como pequeñas piedras que unidas conforman la armadura con la que luchamos hasta llegar hasta donde estamos en ese momento. Dicen, que al final, siempre encontramos razones para no desear marcharnos.

Yo te vi a ti. Te vi a ti, en cada roca, pequeña o grande; Te vi a ti, enseñándome a sonreír. Te vi a ti, enseñándome a apreciar el suelo que pisaba cada día. Te vi a ti, besando mis labios desde la más absoluta inocencia y el más profundo amor. Te vi a ti, uniendo nuestras manos para mostrarme un lugar para perderse, un lugar para soñar. Te vi a ti, llenándome de paz hasta el último resquicio de mi cuerpo. Te vi a ti, y encontré mis razones.

Por un segundo pensé que me ahogaba. Cerré los ojos. Saqué toda la fuerza que me quedaba y ascendí hasta alcanzar el aire. Y en un suspiro abrí los ojos. Tú estabas allí, como siempre, tendiéndome una toalla para secar de una vez toda mi tristeza.


miércoles 23 de noviembre de 2011

Hay incendios que ni el tiempo apaga.

Sí, se que llevo más de dos meses sin publicar nada. Pero estoy viva, aunque es cierto que apenas me he paseado por este lugar, bien por falta de tiempo o por falta de inspiración. Y lo siento, pero he vuelto, porque uno siempre vuelve a su hogar, pase el tiempo que pase.

La entrada de hoy está inspirada en unas palabras que leí en el twitter /TiempoDetenido. Totalmente recomendable. Un placer reencontrarme con vosotros.




Mis viajes más bellos, los más dulces, los he hecho al calor del hogar (George Sand)


Éramos caminos que no estaban preparados para cruzarse. Distancias que nunca se terminan. Miradas que jamás se encuentran. Quisimos ser el sueño de una existencia hermosa y perfecta. Un oasis en mitad del desierto. La flor que sobrevive al frío invierno.

Al mirarte pensaba en que hay instantes de un segundo que deberían durar toda una vida. Palabras que no se columpian en los labios pero que se escapan a través de nuestros ojos. Caricias que se ocultan bajo nuestros dedos ante la espera de una señal que no siempre llega.

Al besarte descubría que era capaz de sentir amor en todos y cada uno de los resquicios de mi cuerpo. De dominar el miedo que a veces me congelaba, me paralizaba, me impedía llegar hasta ti. De olvidar que los principios, de vez en cuando, vienen de la mano de un final.

Es curioso echar la vista atrás. Parece que ansiemos recuperar aquello que un día fue nuestro. Como si aún fuera posible; como si fuéramos los mismos; como si la belleza jamás se hubiese marchitado.

Hay incendios que ni el tiempo apaga. Y nos agarramos a la esperanza de encontrar fuego y no ceniza. De poder reconstruir lo que meses atrás destruimos. De tener aún la posibilidad de limpiar los escombros y volver a abrazarnos a aquello que nos mantenía con vida.

Hay incendios que ni el tiempo apaga. Sin embargo, muchas veces, las personas sí somos capaces de apagar lo que el tiempo no. Extinguimos aquello que nos ha dejado el corazón en carne viva, y seguimos respirando.

sábado 17 de septiembre de 2011

Cartas de amor (no) enviadas.


Vení a dormir conmigo:
no haremos el amor, él nos hará. (Julio Cortázar)


Me gustaría decirte que pones luz en mis pensamientos más sombríos. Que haces que me sienta capaz de hacer cualquier cosa. Que saber que existes hace que desee ser cada día una persona mejor.

Me gustaría decirte que el sonido de tu risa es la mejor medicina para el dolor. Que cuando te miro mi corazón recupera la inocencia y la fe. Que al escucharte pronunciar mi nombre sé que quedan un millón de cosas bonitas por llegar.

Me gustaría decirte que verte feliz me hace feliz. Que mis versos recuperan la cordura cuando se pasean por tu cuerpo. Que las noches son mejores desde que te apareces en mis sueños.

Me gustaría decirte que nunca olvidaré el calor de tus manos sobre mis manos frías. Que siempre recordaré la paz con la que has inundado mis atardeceres. Que quererte es uno de los mejores capítulos de mi biografía.


sábado 10 de septiembre de 2011

Quiero que seas mi septiembre.


Regálame un minuto, un suspiro, un momento.
Olvídate conmigo del reloj y los recuerdos.
Abraza junto a mí la incertidumbre de un deseo.
Saborea en tus labios el silencio de un te quiero.

Deshazte del reloj y vamos a parar el tiempo.
Que las horas se te escapen queriendo entre los dedos.
Ayúdame a romper las cadenas de mis miedos.
Viájame despacio pero sin echar el freno.


Quiero que seas mi septiembre. Mi vuelta al cole, mi final de verano. La brisa que me acaricia las mejillas cuando amanezco. El desayuno que me permite empezar el día con fuerza. Quiero que seas mi septiembre. Mis nuevos recuerdos, mi cuaderno en blanco. Los minutos que paso perdida en unos acordes mientras el metro llega. Y la voz que me indica que he llegado a mi destino. Quiero que seas mi septiembre. La sensación de calor en mis manos cuando sostengo la taza de cola-cao. La persona que me acompaña a arreglar el mundo por las tardes. La manta con la que escondo mis temores. Quiero que seas mi septiembre. Pero sobre todo quiero que tú quieras ser el calendario completo.

P.D: Siento mis ausencias, pero estoy adaptándome a una nueva etapa. Sigo aquí, para leeros, y para agradeceros que seáis parte de este camino.

miércoles 24 de agosto de 2011

El mundo a mis pies.


Sólo es capaz de realizar los sueños el que, cuando llega la hora, sabe estar despierto. (León Daudí)


Al mirarle comprendí que todo había terminado para siempre. Mentiría si dijera que pienso que lo nuestro fue algo que jamás debió empezar, ya que considero que las mejores lecciones se aprenden tras los errores que (a veces necesariamente) cometemos.

He pasado un año buscando respuestas, esperando que la vida en un acto de generosidad me regalara una pequeña señal que me abriera las puertas al camino correcto. Sin embargo esas cosas no suceden, al menos no a mí. Soñé millones de veces con una de esas escenas de película en la que “chico pide perdón a chica que se echa a llorar emocionada y perdona todo tipo de humillaciones cual retrasada profunda”. A día de hoy me sorprendo con la cantidad de estupideces que somos capaces de hacer, decir o pensar mientras estamos ciegos de amor.

Me decía a mí misma que para poder continuar debía antes aprender a perdonarle a él, a dejar atrás el odio y el rencor. Entonces, sólo entonces, conseguiría volver a respirar y recuperar mi fe. Pero me equivocaba, pues a quien debía perdonar era a mí misma por haber permitido a otra persona hacerme daño de manera tan gratuita; por no haberme querido un poquito más; por seguir auto-boicoteando mi presente con recuerdos del pasado.

Sabía que volvería a verle (es lo que tienen las fiestas de verano). Era inevitable. Y al mirarle comprendí que todo había terminado para siempre.

Y ahora estoy aquí, con el mundo a mis pies. El cielo está despejado. Por lo que a mí respecta, su capítulo está cerrado con un punto y final. Capítulo nuevo: Yo, siendo feliz; cumpliendo mis sueños, por fin.


Una canción que me gusta:

martes 26 de julio de 2011

Nos vemos a la vuelta.


No me siento viejo porque tenga tantos años tras de mí, sino por los pocos que tengo por delante. (Ephraim Kishon)


Hace apenas 4 días dejé atrás mis 23 para sumar a mi vida una primavera más. Un año más de experiencias, de errores de los que aprender, de sonrisas que regalar y de personas que vienen y van o que, a veces por sorpresa, vienen y se quedan. Y por supuesto, de personas que están, y que tienes la certeza de que nunca se irán.

Llevo días pensando en hacer un pequeño balance de las cosas que han cambiado en mi vida los últimos doce meses, y al abrir el baúl de los recuerdos me he encontrado con que mi memoria ha decidido ser selectiva y otorgar prioridad a los momentos en que he sido más feliz. Aunque claro está, eso no quiere decir que algún mal recuerdo no se me haya colado entre las rendijas.

Teniendo en cuenta mi tendencia a ser todo un ser humano que comete errores una y otra vez, he aprendido un montón de cosas. Cosas que me incitan diariamente a querer ser una persona mejor y que me regalan sabiduría de esa que sólo aquel que tiene los ojos abiertos es capaz de percibir.

Me siento agradecida por los momentos que he vivido, los bonitos y los feos. Sí, los feos también, porque me reafirman en mi capacidad para seguir adelante, y me han hecho más fuerte.

Me siento agradecida por aquellos que han estado a mi lado, compartiendo cola-caos, viajes, abrazos, alegrías, tristezas, nubes grises... ¡tantas cosas! Porque son ellos los que me hacen saborear de verdad mis días.

Me siento agradecida por el tiempo, que ha sabido hacerse corto cuando he necesitado un buen chute de presión y largo cuando las heridas de guerra empezaban a cicatrizar, pues uno no puede curarse en dos meses de una batalla de años.

Y así podría seguir unas cuantas horas más, mencionando aquello por lo que me siento agradecida, pero hay cosas que prefiero guardarme para mí.

Sólo una última cosa. Gracias. Gracias a vosotros que me leeis, y visitáis mi lugar para soñar; que me habéis visto crecer mediante palabras y que tantas veces me habéis hecho reír con las vuestras. Con vosotros, todo esto tiene mucho más sentido.

Hoy cierro por vacaciones este blog, aunque quién sabe si podré resistirme a escribir durante tanto tiempo. Necesito unas semanas de vacaciones, para estar con mi familia, para descansar, para mí. Espero que esteis disfrutando enormemente de las vuestras y... ¡Nos vemos a la vuelta!

jueves 7 de julio de 2011

Descolocas mi mundo.


Cuando creíamos que teníamos todas las respuestas, de pronto, cambiaron todas las preguntas (Mario Benedetti)


Tú descolocas mi mundo. Un instante eres la mar en calma en la que nado sintiéndome en paz, y al otro, provocas un tsunami que destruye hasta los cimientos de mis sueños. Me haces sonreír, pero no de la manera en que te ríes tras escuchar la historia más divertida, sino con esa ilusión de quien escucha algo que aunque ya sabía, le reafirma en su alegría. También me sacas de mis casillas, porque eres caprichoso e inconformista, odias que las cosas no sean como tú quieres y te enfadas, y me enfadas, y me haces dudar de mi cordura. Un instante nos entendemos a la perfección, como si nuestras mentes tuvieran algún tipo de conexión especial, y al otro parece que hablamos idiomas diferentes e incompatibles.

Tú descolocas mi mundo. Un mundo que está en obras y sólo permite entrar al personal autorizado. Pero te empeñas en pasar y revolucionarlo todo, y cuando no lo consigues te enfadas, y me enfadas. Un instante haces que todo parezca fácil y sencillo, y al otro consigues que mis miedos hagan de éste, un lugar mucho más difícil. Somos agua y aceite, pero también agua y jabón.

Tú descolocas mi mundo. Tal vez sea eso lo que me hace ver en ti un imposible. Tal vez sea eso lo que me convierta en una fugitiva.

Endulzando los oídos


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