jueves, 6 de diciembre de 2007

Carta de adiós


Querido amor:

He decidido escribirte por última vez, porque se, que por mucho que intente aferrarme a tu recuerdo este nunca te devolverá a mi. Desde que el cielo te arrancó de mis brazos, no ha pasado ni un solo día en el que no me culpase por todos aquellos momentos perdidos, por todos los besos que no te di, por todos los sentimientos que no supe expresarte.

Cuando estaba triste y pensaba que había tocado fondo, me asomaba por la ventana y miraba las estrellas pensando que quizá tú fueras alguna de ellas y bajaras a calmar mi dolor. Hoy es el día en que me acuerdo de esos momentos y siento pena; pena de mí por ser tan ingenua, pena de mí por creer en un milagro que jamás sucedería. Sin embargo se que tú mi amor, jamás te alejaste mi, jamás me dejaste del todo.

Cuando por fin creí que mi vida estaba acabada, que mi vida ya no daba más de sí, apareció él, ganando mi confianza, avivando el amor que se apagaba en mi interior. Y yo, que aunque sentía que estaba traicionando a tu amor, no pude evitar enamorarme de el. Jamás podré amar a alguien de la misma manera en que te amé a ti, pero eso no significa que no pueda amarlo de una forma diferente.

No me guardes rencor allá donde estés mi amor, porque sabes que tú siempre vivirás dentro de mí, aunque Dios no me deje estar a tu lado. Te pido que comprendas que él apareció en mi vida, y que lo amo, y que no puedo permitirme el lujo de dejarlo ir. No debo. No quiero.
Esta es la última carta que te escribo, porque se que es lo mejor, porque se que esto no tiene ningún sentido.

Mi ilusión ahora es poder devolverle a él, la felicidad que me ha dado en estos últimos meses. Y tú, amor, seguirás vivo dentro de mi corazón por siempre jamás.

Hasta siempre

Te quiere, tu ángel

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