martes, 27 de noviembre de 2007

Qué fácil


Qué fácil es para ti decir que todo acabó.
Con los ojos empañados quise afrontar el adiós.
Qué sencillo es para ti, pensar que ya no hay remedio.
Para mí, siento decirte, siempre hubo un término medio.

De la noche a la mañana decidiste suicidarnos,
Poner fin a nuestros besos, extinguirlos; separarlos…
De la noche a la mañana tu cariño se hizo hielo,
Y me dejaste caer, desde el cielo al mismo suelo.

Las estrellas se apagaron con la huída de tus versos.
Mis palabras caminaron entre dos mil universos.
El cariño se ha escapado tras el encuentro anhelado.
Pues para ti no funciona y todo esto ha acabado.

Qué sencillo fue quererte,
Qué difícil será odiarte.
Para siempre en mi recuerdo,
Serás mi lejano amante…

Apareciste




No te esperaba y tú me encontraste.
Removiendo todo un mundo en tan sólo un instante.
Derrumbaste la barrera de mi corazón blindado.
Y me robaste los besos que yo tenía guardados.

Sin quererlo apareciste y no pude reaccionar,
Pues tus manos ya se hallaban en mi mundo de cristal.
Como una fiel acuarela te dibujaste en mi cuerpo,
Empezando por mis manos para acabar en mi pelo.

Compusiste melodías que para mí no existían,
Inspiradas por mis curvas y mi escondida agonía.
Iluminaste sonrisas con la luz de tu mirada,
Y devolviste la fuerza a mi alma ya cansada.

Me dijiste sin hablarme lo grande que era tu amor.
Y en silencio de mi cuerpo se desprendió mi valor.
Te miré por un momento sin saber bien que decir.
Y finalmente lo dije: Yo te quiero siempre aquí.