jueves, 6 de diciembre de 2007

Carta de adiós II


Querido amor:
Hoy he vuelto a despertar con los ojos bañados en lágrimas, hoy he vuelto a buscarte entre mis sueños esperando con ansia ver tus ojos frente a mí, ver tus labios acercarse a los míos, y volver a perderme en ti como hacía cada noche…
Se que me juré una y mil veces no volver a escribirte jamás. Se que prometí no acordarme de los momentos que vivimos juntos, no acordarme de las tardes recostada en tus rodillas, escuchando la dulce melodía de tu voz, mientras regalabas a mis oídos la poesía más hermosa. Pero aunque con todas mis fuerzas he intentado echarte al olvido, te juro mi amor que no he podido y que mi alma se ha negado. Te juro que sin ti mis días son eternos, que he querido volver amar, que he deseado acurrucarme en otros brazos, que he buscado la dulce miel de otros labios… pero mi mundo sin ti ya no es el mismo, y a veces me gustaría volar y escaparme para estar cerca de ti, allá en el cielo dónde todo es perfecto.
Hoy he vuelto a despertar temblando, empapada en sudor y con el corazón ardiendo, intentando no gritar tu nombre al viento, esperando salir de esta pesadilla que es tu ausencia. Te sigo amando, te sigo recordando… Porque mi corazón te pertenece, porque sigue siendo tuyo, y nunca ha dejado de serlo. Porque te amo, hoy más que nunca.
Y no es justo. No es justo que Dios me haya otorgado este dolor. ¿Por qué te aparto de mí? ¿Por qué tú y no yo? Tenías tantas cosas buenas que ofrecer al mundo, que a veces me siento egoísta por haber sido la única capaz de verlas.
Siempre te agradeceré lo que me has dado. Tú me devolviste la felicidad, encendiste de nuevo la llama que se estaba apagando en mi interior, iluminaste mi camino en la oscuridad, me recordaste lo que es amar.
Y hoy mi amor, te echo más de menos que nunca. Tan solo pido al cielo que me calme las heridas que no se han cerrado, que no permita que me ahogue en esta pena un día más. Desearía cerrar los ojos y no volver a abrirlos, para quedarme eternamente caminando contigo entre mis sueños…
Te quiere, tu ángel.

Carta de adiós


Querido amor:

He decidido escribirte por última vez, porque se, que por mucho que intente aferrarme a tu recuerdo este nunca te devolverá a mi. Desde que el cielo te arrancó de mis brazos, no ha pasado ni un solo día en el que no me culpase por todos aquellos momentos perdidos, por todos los besos que no te di, por todos los sentimientos que no supe expresarte.

Cuando estaba triste y pensaba que había tocado fondo, me asomaba por la ventana y miraba las estrellas pensando que quizá tú fueras alguna de ellas y bajaras a calmar mi dolor. Hoy es el día en que me acuerdo de esos momentos y siento pena; pena de mí por ser tan ingenua, pena de mí por creer en un milagro que jamás sucedería. Sin embargo se que tú mi amor, jamás te alejaste mi, jamás me dejaste del todo.

Cuando por fin creí que mi vida estaba acabada, que mi vida ya no daba más de sí, apareció él, ganando mi confianza, avivando el amor que se apagaba en mi interior. Y yo, que aunque sentía que estaba traicionando a tu amor, no pude evitar enamorarme de el. Jamás podré amar a alguien de la misma manera en que te amé a ti, pero eso no significa que no pueda amarlo de una forma diferente.

No me guardes rencor allá donde estés mi amor, porque sabes que tú siempre vivirás dentro de mí, aunque Dios no me deje estar a tu lado. Te pido que comprendas que él apareció en mi vida, y que lo amo, y que no puedo permitirme el lujo de dejarlo ir. No debo. No quiero.
Esta es la última carta que te escribo, porque se que es lo mejor, porque se que esto no tiene ningún sentido.

Mi ilusión ahora es poder devolverle a él, la felicidad que me ha dado en estos últimos meses. Y tú, amor, seguirás vivo dentro de mi corazón por siempre jamás.

Hasta siempre

Te quiere, tu ángel

miércoles, 5 de diciembre de 2007

Así eres tú


Como la bella caricia en mi corazón.
Así eres tú.
Del repertorio siempre la mejor canción.
Así eres tú.


Como el rayo de sol, en los días nublados.
Así eres tú.
Como en las noches de insomnio, el relato contado.
Así eres tú.


Suspiro intacto en la histeria profunda.
Son tus ojos los que calman las heridas ocultas.
Son tus manos las que se pierden a través de mi cintura.


Como la fórmula exacta para el mayor dilema.
Así eres tú.
Como el verso perfecto de este poema.
Así eres tú.


Como el completo orden en mi desorden.
Así eres tú.
Como el sentido en mis días y mis noches.
Así eres tú.


Caricia etérea en cada una de las madrugadas.
Son tus labios los que ansío desesperada.
Son tus palabras la vitamina esperada.


Y así eres tú. Y así te quiero.
En cada una de mis lunas por siempre te espero.

When september ends...

Todo escritor aficionado o no, siempre tiene una canción que le inspira. Y ésta es la mía...

El valor de la amistad


Un día escuché a alguien decir: “Estés donde estés, son tus amigos los que hacen tu mundo”. Aquella frase me hizo pensar en muchas cosas, entre ellas, en el gran significado que tiene para mí la amistad, y en lo importantes que son para mí mis amigos.


Cierto es, que aquel que tiene un amigo, posee un tesoro, pues al fin y al cabo ellos ayudan a escribir mi historia, además de formar parte de ella. Si alguien me preguntara si creo en el destino, mi respuesta sería sí, pero con pequeños matices. Pues aunque haya cosas que estén predestinadas, finalmente somos nosotros los que marcamos la línea que queremos seguir, y los que decidimos que camino elegir. Los amigos forman parte de esta decisión pues son la clave relevante.


Un amigo es aquel que es capaz de saber cómo te sientes sin que pronuncies palabra. Que no pregunta y se conforma con aquello que quieras contar. Que te presta su hombro en el momento en el que deseas llorar. Que sonríe al verte feliz. Que te abraza en un momento inesperado. Que desea siempre lo mejor para ti. Que es capaz de abrirte los ojos aunque duela (pues ya estará él para intentar curarte). Que te quiere conociendo lo peor de ti. Que habla contigo cuando tiene un problema antes de criticarte por detrás. Que te hace entender que vivir, merece la pena.


Cuando dicen que los verdaderos amigos se pueden contar con los dedos de una mano, casi nunca se confunden, y por esa misma razón, debemos cuidar la amistad alimentándola un poco más cada día, para que crezca y evolucione al mismo tiempo. Para que perdure y no se pierda en el camino. Porque al fin y al cabo, los amigos, los de verdad, son los que siempre estarán ahí, aunque por alguna razón no podamos verlos.


Esto no es sólo para mis amigos, sino para todos vosotros. Porque se, que nunca viene mal que nos recuerden la verdadera importancia que tienen en nuestra vida, en nuestra historia, en nosotros mismos.