sábado, 5 de enero de 2008

Mi sentido


Para ti, podría escribir mil versos esta noche.
Para ti, que media vida me has dado.
Para ti, que me perdonas todo sin reproches,
Y que tanto en el camino me has enseñado.

Un corazón inmenso llevas muy dentro de ti.
Siempre atento, siempre bueno, siempre mirando por mí.
Una sonrisa eterna yo quisiera regalarte,
Para que en ningún momento la felicidad te falte.

No hay palabras que describan el amor que por ti siento,
Para mí eres más que un padre, eres mi sol y mi viento.
Sol porque tú iluminas, cada uno de mis días,
Viento porque me das fuerzas cuando me siento perdida.

Eres sentido, eres aire, eres lo mejor que tengo.
Eres mi mayor fortuna, y es por ello que te quiero.
Te quiero por ser mi ángel, el que siempre está conmigo.
Te quiero porque eres padre, y además, mejor amigo.

domingo, 30 de diciembre de 2007

Su corazón se paró


Su corazón se paró en aquella estación de metro perdida del mundo. Simplemente dejó de funcionarle; como si su reloj vital hubiese estado expuesto a una larga cuenta atrás, esperando con calma el momento y el lugar adecuados. Se perdieron entre la gente que a gritos observaba como el alma se desprendía de su cuerpo, los sueños de una boda que jamás llegaría a celebrarse y los besos que nunca más podría darle. Se apresuraron en su mente las más impactantes imágenes de su vida; como un collage hecho en cinco segundos, foto tras foto, mal colocadas. Y pudo sentir la mirada de una madre que llora al ver por primera vez al hijo entre sus manos; pudo experimentar el nerviosismo de la primera cita con flores arrancadas de un parque y miradas asustadas que se pierden en el aire; pudo volver a esperar durante horas a un amor que nunca volvería a salvarla, condenando su existencia a la más completa soledad.

Su corazón se paró de repente, sin avisar. Su latido dejó de escucharse entre los gritos y los llantos, al igual que el de su interior. Una segunda vida que alimentaba cada día con la misma esperanza con la que esperaba que algún día regresase en su búsqueda. La vida de su hija, y la de aquel fantasma que vagaba cada día en sus recuerdos.

Tras cinco segundos perdió la noción, el sentido, la vida. Nunca más podría viajar entre colores y reconstruir sonrisas. Nunca más despertaría ahogada por el llanto, con la almohada empapada en rabia y agonía. Nunca más, porque se había dejado morir; porque su elección había sido la de abandonar el mundo sin despedirse de nadie.

Su corazón se paró, y dejó de sufrir.