lunes, 5 de mayo de 2008

Ayúdame a morir


¿Cómo podría tocar tu mano sin quemarme por dentro? Es la llama que has encendido la que a veces me derrite las venas; ya sólo me queda la posibilidad de mantenerme quieta, callada, dejándome morir entre tus brazos que me encadenan a algo sin nombre…


-Ayúdame a morir. Es lo único que te pido.

-No puedo hacer eso. Te quiero y este amor me impide dejarte ir, de esa manera.

-Si me quisieras entenderías que ya no puedo más. Que cada día siento como el tiempo corre y los minutos pasan, pero yo sigo aquí, con los pies clavados en el suelo sin poder moverme. Si me quisieras comprenderías que ya no me quedan palabras con las que aferrarme al mundo que un día hizo el amago de pertenecerme, y que sin ellas, mis entrañas están tan vacías como el corazón de aquel a quien ni su eco responde. Si me quisieras no lo dudarías ni un momento y viajarías conmigo hasta el último suspiro que me acompañe, en silencio, sin tan siquiera decir adiós.

-¿Qué te ha pasado? ¿Qué fue de aquella esperanza y aquella sonrisa que siempre vistió tu rostro?

-Deja de buscar aquello que fue y ha dejado de ser para siempre. Ayúdame a morir para reencontrarme con mi inspiración, para sumirme en la tranquilidad haber cosechado el mundo con la tinta de mi pluma. Ayúdame a morir porque cada amanecer es para mí una daga que se clava hasta lo más hondo, y porque la infelicidad ha cubierto esta habitación desde sus cimientos… Ayúdame a morir, para renacer de nuevo y olvidarme de que un día fui capaz de llenarte el alma con mis palabras…

1 comentario:

Anónimo dijo...

No viviré sino para matarte.
Te arrojaré a un pozo de leones,
para resucitarte después,
en la boca de los tigres.

Te moriré gota a gota.