lunes, 5 de mayo de 2008

Esperanza marchita


¿Y qué ha sido de aquel silencio que compartíamos entre miradas de amor y tímidas sonrisas? Fuiste mi mitad un día, llenando el vaso hasta desbordarlo. Sentimos; sentimos tanto que lo agotamos todo, hasta quedarnos sin nada…

Al decirle adiós supo que aquel sería el último instante en que sus ojos se unirían en un mismo punto, invisible e incierto. Los años la habían ido consumiendo, pues de ella sólo quedaban cenizas cargadas de viejas historias, y aquella mirada absorta en los límites del mundo…

No fue capaz de pronunciar una sílaba, una palabra, o un simple adiós, que pusiera un punto y un final a aquella película sin guión que años atrás se había quedado estancada en aquel minuto 31 de una calle perdida. Sus ojos apenas se rozaron, ante el ruido de la ciudad y el caminar de las gentes. Duró apenas un segundo pero a su corazón le pareció una eternidad sumiéndose en la oscuridad más absoluta.

Él sonreía, y aunque ella quiso hacerlo una lágrima caprichosa le cubrió el rostro. Sus ojos cubiertos de hielo apenas la dejaban ver, y entonces entendió que era el momento de marcharse y que todo había terminado…

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