domingo, 6 de julio de 2008

Tu corazón se me quiebra con solo rozarlo...


Tu calor me nubla la vista. Mis ojos se empañan de ti y de tu forma de mirarme el alma. Con las yemas de los dedos te vas perdiendo en la curva que forman mis senos, y me llevas a sucumbir en lo más hondo, hasta el centro de la tierra. Eres árido, y en tus bosques me pierdo. Tus dientes son como perlas, hechas a la medida de mi sonrisa. Y tus labios… ¡Tus labios son el camino de vuelta al paraíso perdido! Déjame que descanse entre tus árboles. Déjame que sueñe con la existencia desgastada. Déjame creer que aún recorre mis venas un tibio aroma rojizo. Déjame que te quiera… allí, donde todo es posible.

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