viernes, 4 de julio de 2008

Y aquella tarde, tu eco se hizo inmortal...


Me siguen doliendo los días; me sigue doliendo el ayer. Tu recuerdo se ha vuelto añil de tanto mirarlo, y mis fuerzas se pierden en el burdo intento de mantenerlo aquí, tan adentro. He aprendido a sonreír ante el rocío pegado a mi verja. He aprendido a no gritar mientras me doy cuenta de que un día dejaste de recorrer mi sino. La desesperación es tan cruda a veces… que desearía ser tiza en el suelo que se borra con el ansia de la lluvia. Y a veces me pregunto por qué sigo aquí, alimentando mis días llenos de tu vacío… por qué aún permanece el latido de la esperanza… por qué sigo esperando a que vuelvas…

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Muchas gracias por tu comentario en mi blog, Patri :-).

Me ha gustado mucho lo de "La desesperación es tan cruda a veces… que desearía ser tiza en el suelo que se borra con el ansia de la lluvia"... Un besote.

* PuLi *

Oier dijo...

Escribes cojonudamente bien, muy ocurrente.
Me quedo con "Me siguen doliendo los días; me sigue doliendo el ayer."

El pasado junto con los recuerdos, es una sombra de la que no nos logramos despegar.

aio ;)