viernes, 29 de febrero de 2008

¿Qué hago aquí?


¿Qué podría expresar un corazón vacío? ¿Qué podría sentir? Nada. Nada sincero al menos.
No sé cómo explicarme, porque ya perdí mi fuerza. No sé cómo ausentarme, si ni tan si quiera siento deseos de irme. No sé, ya apenas sé nada, pues tu nada fue invadiendo mi corazón lleno, hasta dejarlo sin vida, sin respiración.


¿Qué podría entender de ti? ¿Qué podrías hacer ahora por mí? Nada. Ya nada me sirve.
No sé cómo hacer que comprendas, que llenaste de hojas secas mis primaveras. No sé cómo hacértelo saber, si te llevaste hasta el sentido de mis palabras y la intensidad de mis cuerdas vocales. No sé, ya apenas sé nada, pues tu nada fue arrasando cual tormenta el alma mía, hasta ahogarla sin remedio, sin consuelo.


¿Qué hago aquí? ¿Qué me espera? Tal vez aprender, tal vez comprender… Tal vez ver la luz, dónde un día tú pusiste oscuridad…

Chau número tres [Mario Benedetti]


Te dejo con tu vida
tu trabajo
tu gente
con tus puestas de sol
y tus amaneceres.


Sembrando tu confianza
te dejo junto al mundo
derrotando imposibles
segura sin seguro.


Te dejo frente al mar
descifrándote sola
sin mi pregunta a ciegas
sin mi respuesta rota.


Te dejo sin mis dudas
pobres y malheridas
sin mis inmadureces
sin mi veteranía.


Pero tampoco creas
a pie juntillas todo
no creas nunca creas
este falso abandono.


Estaré donde menos
lo esperes
por ejemplo
en un árbol añoso
de oscuros cabeceos.


Estaré en un lejano
horizonte sin horas
en la huella del tacto
en tu sombra y mi sombra.


Estaré repartido
en cuatro o cinco pibes
de esos que vos mirás
y enseguida te siguen.


Y ojalá pueda estar
de tu sueño en la red
esperando tus ojos
y mirándote.

jueves, 28 de febrero de 2008

Te lo prometí


Te prometí que lo haría, y ni siquiera me preocupé en cruzar los dedos mientras lo hacía; pues mi decisión era firme y acaba de confirmarse.
Aquella mañana al despertar a tu lado, al verte ahí soñando con cualquier cosa, respirando aquellas paredes que contenían respiraciones entrecortadas tras una muy fuerte pasión, te lo prometí en silencio.
Justo en aquel momento en el que no fui capaz de sentir más que un final, que un libro recién acabado sin segunda parte, que la mirada hacia un nuevo horizonte vacío de ti, lo supe. Supe que todo había terminado.
Fue una cuestión de segundos o tal vez una cuestión de esperanzas fracasadas y sueños frustrados lo que me llevó a olvidarte; a dejar de amarte. Fueron los recuerdos y la sensación de no poder hacer más que esbozar un simple “adiós” lo que me llevó a escapar de tu jaula; a escapar de tu deseo.
Te prometí que lo haría, y lo he hecho. Ahora tan sólo te pido que cumplas lo que prometiste, y me permitas volar; volar más allá de tus ojos…

miércoles, 27 de febrero de 2008

Perdóname


Perdóname si mis versos te buscan en cada sílaba. Si mis manos adoran reescribirte una y mil veces. Si mis palabras buscan llegar más allá de tu alma.
Perdóname por no poder dejarte escapar. Por aferrarme a ti y a todas y cada una de tus sonrisas capaces de eclipsar la luna. Por ansiar tu abrazo en mis lágrimas.
Perdóname si mis ojos adoran observarte en tu esplendor cada mañana y cada noche. Si mis labios se desesperan cada vez que los rozas con la yema de tus dedos. Si mis pensamientos son a veces demasiado profundos.
Perdóname tan sólo por no poder dejar de quererte. Por no poder evitar amarte. Por no poder apartarme de ti sin antes pedirte perdón.

Sin querer


Y sin querer lo supe. Supe que todos los caminos terminaban en ti; en tus brazos abiertos; y en tu esperanza por tenerme.
Y sin querer lo supe. Supe que aquel beso me cambiaría para siempre; que me mostraría un nuevo horizonte que por ceguera no fui capaz de ver; que me alejaría de todo aquello que pudiese corromper mi corazón.
Y sin querer lo supe. Supe que eras tú. Aquel que ocultaba su rostro en mis preciados sueños. La silueta esperada en un viaje no llevado a cabo. El pasado y el futuro transformados en presente.
Y sin querer lo supe. Supe que no debía tener miedo. Porque eras tú. Eras tú y nadie más.