lunes, 5 de mayo de 2008

Poeta y poesía


No sé por qué, pero cuando tus brazos rodean mi cuerpo me siento como una mariposa. Mi alma se eleva y mi corazón se siente libre ante el aire del mundo, que en ese momento desprende todo su aroma, limpio y fresco; vacío y lleno…

-Dime que sientes ahora.

-Te siento a ti, y no sólo ahora, también a cada segundo. Te siento en mí, llenando esta caja rebosante de recuerdos. Ni siquiera sé cómo expresarlo… Es como si al estar contigo el resto del mundo perdiese el sentido. Y me dejas atrapada en tus ojos tan penetrantes y sinceros. Cuando me siento a tu lado sólo tengo ganas de sonreír y mi corazón habla de agradecimiento por poder compartir contigo un día más, un beso más, una caricia o un simple silencio. Eres la pieza de mi puzzle incompleto, la gota que arrasa el vaso y el rayo de luz que atraviesa mi ventana…

-No sé qué decir, apenas quedan palabras. Te las has quedado todas.

-No importa. Recuerda que en nuestra historia yo siempre seré la poesía y tu el poeta. Yo las palabras y tú los hechos. Por eso sé, que ahora que me estás abrazando quieres decir lo que yo he dicho, y con eso basta. No necesito nada más para ser feliz.

Tras las teclas...


Una vez hace ya muchos años alguien me dijo que tenía manos de pianista. Siempre quise aprender a tocar porque por alguna extraña razón el escuchar su sonido me llegaba dentro de un modo inimaginable. Tiempo después al ver el gran clásico “pretty woman” descubrí que existían muchas maneras de disfrutar de un piano. Nunca llegué a dar clases, y nunca llegué a tocar. Tal vez porque en mi familia nadie creyó que había nacido para ello o tal vez porque no lo deseaba lo suficiente. Lo cierto es que hoy me conformo con escuchar aquello que componen los demás mientras imagino cómo habría sido.

Dicen que una persona puede conseguir cualquier cosa en la vida si lo desea con todas sus fuerzas. Y eso me hace recordar cuál fue desde siempre mi gran pasión y cuál es hoy por hoy una de las cosas que hace que me sienta viva. Sin duda alguna, escribir. No soy ninguna experta y tampoco espero llegar a serlo. Yo escribo para mí y para todo aquel que necesite escaparse un rato del mundo.

No podría describir jamás la sensación que experimento al encontrarme de frente con la inspiración, llenándome la mente de miles y miles de palabras y frases desordenadas que posteriormente yo ordeno, elijo y descarto a mi antojo.

Hoy escribo para mí, porque así lo siento...

Esperanza marchita


¿Y qué ha sido de aquel silencio que compartíamos entre miradas de amor y tímidas sonrisas? Fuiste mi mitad un día, llenando el vaso hasta desbordarlo. Sentimos; sentimos tanto que lo agotamos todo, hasta quedarnos sin nada…

Al decirle adiós supo que aquel sería el último instante en que sus ojos se unirían en un mismo punto, invisible e incierto. Los años la habían ido consumiendo, pues de ella sólo quedaban cenizas cargadas de viejas historias, y aquella mirada absorta en los límites del mundo…

No fue capaz de pronunciar una sílaba, una palabra, o un simple adiós, que pusiera un punto y un final a aquella película sin guión que años atrás se había quedado estancada en aquel minuto 31 de una calle perdida. Sus ojos apenas se rozaron, ante el ruido de la ciudad y el caminar de las gentes. Duró apenas un segundo pero a su corazón le pareció una eternidad sumiéndose en la oscuridad más absoluta.

Él sonreía, y aunque ella quiso hacerlo una lágrima caprichosa le cubrió el rostro. Sus ojos cubiertos de hielo apenas la dejaban ver, y entonces entendió que era el momento de marcharse y que todo había terminado…

Ayúdame a morir


¿Cómo podría tocar tu mano sin quemarme por dentro? Es la llama que has encendido la que a veces me derrite las venas; ya sólo me queda la posibilidad de mantenerme quieta, callada, dejándome morir entre tus brazos que me encadenan a algo sin nombre…


-Ayúdame a morir. Es lo único que te pido.

-No puedo hacer eso. Te quiero y este amor me impide dejarte ir, de esa manera.

-Si me quisieras entenderías que ya no puedo más. Que cada día siento como el tiempo corre y los minutos pasan, pero yo sigo aquí, con los pies clavados en el suelo sin poder moverme. Si me quisieras comprenderías que ya no me quedan palabras con las que aferrarme al mundo que un día hizo el amago de pertenecerme, y que sin ellas, mis entrañas están tan vacías como el corazón de aquel a quien ni su eco responde. Si me quisieras no lo dudarías ni un momento y viajarías conmigo hasta el último suspiro que me acompañe, en silencio, sin tan siquiera decir adiós.

-¿Qué te ha pasado? ¿Qué fue de aquella esperanza y aquella sonrisa que siempre vistió tu rostro?

-Deja de buscar aquello que fue y ha dejado de ser para siempre. Ayúdame a morir para reencontrarme con mi inspiración, para sumirme en la tranquilidad haber cosechado el mundo con la tinta de mi pluma. Ayúdame a morir porque cada amanecer es para mí una daga que se clava hasta lo más hondo, y porque la infelicidad ha cubierto esta habitación desde sus cimientos… Ayúdame a morir, para renacer de nuevo y olvidarme de que un día fui capaz de llenarte el alma con mis palabras…

Modernidad confusa


- ¿Sabes cuál es tu problema? Que te gusta ir de persona auténtica por la vida. Tratas de hacerte ver ante los demás como alguien diferente, original y extravagante. Buscas impresionar y crear una moda; conseguir que la gente adore todo aquello que haces y desee imitarte, ser como tú. Buscas convertirte en un ídolo, en un ejemplo a seguir. Pero todo eso tiene sus pros y sus contras ¿sabes? Por un lado está bien, porque hoy en día en el mundo cada vez hay más gilipollas sin personalidad que no son capaces de ser ellos mismos y que se dedican a imitar a gente como tú. Eso te da ventaja para ver tus sueños cumplidos. Por otro lado está mal, porque no eres consciente de todo lo que te estás perdiendo creando un personaje que sabes bien que no existe. Y un día te levantarás de la cama e irás al baño, te mirarás al espejo y no serás capaz de reconocerte en él ni de recordar quién eras. Tan sólo verás a un extraño. Ahí, ahí es donde está lo peor, habrás perdido lo mejor que tenías, te habrás perdido a ti, y ni siquiera tendrás un mapa para encontrarte. Entonces te darás cuenta de que nunca has sido todo aquello que siempre soñaste, que los sueños muchas veces se convierten en pesadillas, y que nadie, nunca nadie te ha querido o te ha adorado a ti, porque jamás te mostraste tal y como eras.

- Te equivocas.

- Puede que lo haga. Ahora mismo esa es mi forma de pensar con respecto hacía ti. Pero en el fondo, ambos sabemos cuál es la verdad de todo esto. Puedes dejar de ser un cobarde y empezar a creer un poco más en la persona que eres, o puedes seguir engañándote hasta dejar que el tiempo explote esa burbuja en la que vives.