domingo, 15 de junio de 2008

Olvidar...


Quise olvidar aquel día, y aquellas palabras. Pretendí dejarlas atrás, evitar que existiesen y con ello alejar de mí este sentimiento que me mata cada día.

Cuando conoces a una persona y te enamoras locamente de ella, tan sólo ves tú felicidad en la suya. Quieres que cada mañana, cada día, cada instante, una sonrisa eterna y entera se dibuje en su cara y no desaparezca nunca. Quieres que su corazón eche chispas y su estómago de un vuelco cada vez que vuestras miradas se cruzan en un mismo punto. Jamás deseas que el dolor se apodere de ella ni que las lágrimas existan. Jamás harías nada que pudiese hacerla sufrir…

Los seres humanos cometemos errores por naturaleza, y a veces pecamos creyendo que nuestras decisiones siempre serán las más acertadas. Somos capaces de echarlo todo a perder en milésimas de segundo, y romper de un solo golpe todo aquello que construimos con nuestro esfuerzo. Y cuando eso sucede, pesa tanto que no somos capaces de movernos del suelo.

Yo cometí el mayor error de mi vida al dejar marchar a la persona que me llenaba de vida. Creí que estar a mi lado jamás le daría toda esa felicidad que tanto merecía. Me sentía injusto por robarle el tiempo… Pero me equivoqué.

Cuando recuerdo el dolor de su rostro, y la agonía de sus palabras, algo en mi interior se quiebra. Me deshace por dentro el pensarla. Y el aire me grita que la busque de nuevo. Respirar se hace tan difícil desde que no está…

A todos nos llega la hora...


A todos nos llega la hora. Nada es eterno e infinito. Nada dura más que el tiempo que la vida esté dispuesta a darte. Todos y cada uno de nosotros nacemos para morir. Ese es el final, y después no hay nada.


-¿Crees que cuando muera iré al cielo?

-No. El cielo es mentira. No existe. No es más que una leyenda, un cuadro que alguien pintó allá arriba para evitar que el ser humano destruyera su obra, al igual que destruye casi todo lo que encuentra a su paso.

-Y entonces, ¿a dónde iré? ¿no hay nada ahí fuera?

-Nunca te he mentido y no lo haré ahora porque estés enferma. El día en que mueras se acabará todo. No te despertarás en ningún universo paralelo, ni te servirán manjares en bandejas de plata. El día que mueras morirás y ya está.

-Pero entonces, ¿de qué me sirve haberme comportado como una buena persona durante toda mi vida si cuando muera no voy a recibir ningún premio? Mi madre dijo que iría al cielo.

-Y no te mintió, claro que tendrás tu premio. Pero ese premio no será material. Tu premio por haber sido como has sido será permanecer eterna en la memoria de aquellos que tuvimos la oportunidad de conocerte. Tu premio será sentir durante los últimos minutos de existencia que siempre hiciste aquello que sentías sin pararte a pensar en las consecuencias. Tu premio será estar segura de que siempre podrías haberlo hecho mejor, pero al menos tuviste la oportunidad de hacerlo a tu manera. Ese será tu gran tesoro, haber caminado con la cabeza alta, disfrutando, riendo y soñando hasta el último suspiro.

-Siempre tienes algo que decirme. Estoy segura de que te echaré de menos cuando me vaya.

-Cuando te vayas perderás la capacidad de recordar. Sin embargo yo siempre te recordaré hasta que también me llegue el momento de dejar el mundo. Y eso quiero que lo sepas.