viernes, 4 de julio de 2008

Y aquella tarde, tu eco se hizo inmortal...


Me siguen doliendo los días; me sigue doliendo el ayer. Tu recuerdo se ha vuelto añil de tanto mirarlo, y mis fuerzas se pierden en el burdo intento de mantenerlo aquí, tan adentro. He aprendido a sonreír ante el rocío pegado a mi verja. He aprendido a no gritar mientras me doy cuenta de que un día dejaste de recorrer mi sino. La desesperación es tan cruda a veces… que desearía ser tiza en el suelo que se borra con el ansia de la lluvia. Y a veces me pregunto por qué sigo aquí, alimentando mis días llenos de tu vacío… por qué aún permanece el latido de la esperanza… por qué sigo esperando a que vuelvas…

martes, 1 de julio de 2008

Fuimos lo que no somos; somos lo que fuimos...


Como una flor que deja escapar al vacío cada uno de sus pétalos al amanecer el otoño, yo dejo huir en mí cada rosal ferviente. La hojarasca mojada y la lluvia incesante, viajan por fin acompañadas de la luminosidad que la primavera quiso antojar eterna; mientras el ego que me habita y me posee, será un caminante más en lo absurdo de los prados verdes. ¿Qué hay de ti en mí, y qué hay de mí en ti? Si apenas la natura puede mantenerse en alto, y enferma palidece ante un millar de retinas… Fuimos brisa fresca y arena mojada, en este mundo que se nos escapa y agota. Fuimos marea brava y luna menguante, al impacto de un acto de pasión infantil. Fuimos gota y espera, reloj de arena y tinta borrada… Fuimos tanto en un segundo que al siguiente día ya no pudimos ser nada, más que el aire disipándose a lo lejos…

lunes, 30 de junio de 2008

Apenas fui, apenas soy...


Supuse que allá donde estuviera me habría olvidado. Que tendría al fin, esa felicidad que tanto merecía; que una mañana, se habría despertado viendo ante sus ojos el cumplir de sus sueños. Durante todos estos años quise creer que desaparecí de su mente, y que mi voz cesó de amenizar su rumbo. Tal vez logré engañarme a mí mismo, convenciéndome de aquello que jamás desee; convenciéndome de no ansiar con todas mis fuerzas que volviese a mi lado, y que despertara junto a mí.

Apenas era capaz de recordar el sonido que emanaba de sus cuerdas vocales, ni el eco de su risa, tan dulce e inocente. Sin embargo su rostro era una imagen que desde que logró impregnarse en mi alma, nunca se borró, ni con el caminar de los años.

Y ahora ya era tarde. Tarde para intentar recuperar aquello que perdí. Tarde para recorrerme el mundo en la búsqueda de alguien que un día supo enseñarme el auténtico significado del amor; con todas sus letras. Ya era tarde… Y sin embargo mi cuerpo adía en ganas de empeñar cada extremidad por tan sólo un minuto en sus brazos.