miércoles, 4 de marzo de 2009

Esta vez no


Cuando pienso en todas esas historias que han marcado mi vida, me doy cuenta de que lo que hacía que las amase tanto era que albergaban un mismo final. Un final de esos que te llenan los ojos de lágrimas; que te hacen sentir algo en el corazón; ese que creías dormido para siempre. Un momento cúspide que obtiene como consecuencia una sonrisa escondida; y un sentimiento, [siempre el mismo], esperanza.

Mis piernas flaqueaban con cada paso. Por un momento sentí que iba a ahogarme con mis propios pensamientos, pues las palabras ansiaban brotar y en mi interior, gritaba con fuerza una voz imposible de acallar.

Anochecía en aquella playa desierta de almas y la brisa se colaba por los resquicios de mi cuerpo cuando la vi por primera vez. No sabría explicar cómo me sentí, o quizá sería mejor decir, cómo hizo que me sintiera. La amé desde el primer momento, sin apenas distinguirla entre la bruma que contextualizaba nuestra existencia. La amé como no lo he hecho en mi vida; como jamás haré. Nunca en mi vida he sido tan consciente de algo como lo soy de esto.

En aquel instante soñaba despierto. Pensaba en sus ojos incapaces de mentir y en su sonrisa poderosa capaz de curar la herida más profunda. Recordaba el gesto de su rostro al enfadarse, siempre por cinco minutos. La echaba de menos en cada hora marcada por mi reloj sin pilas.

Sabía dónde encontrarla y no lo dudé ni un segundo. Si la vida, no entiendo por qué razón, me estaba dando la oportunidad de estar a su lado y enmendar mis errores, no volvería actuar como un cobarde. Esta vez no...

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