viernes, 12 de junio de 2009

Placer para mis oídos

Cuando el cansancio se esconde tras la puerta y aprovechando un descuido te atrapa entre sus brazos, no queda más remedio que rendirse. Cerrar los ojos e imaginarte tendido sobre la cama más cómoda del mundo, apoyando los pensamientos en una de esas almohadas gorditas y blandas a la vez. Dormir bajo el sonido mágico de una canción que se cuela por tu ombligo y te atraviesa el corazón. Morir de sueño y no despertar hasta que las horas te hayan reconstruído por fuera y por dentro. Imaginar, que a pesar de todo, puedes no estar soñando...

Un regalito de buenas noches:

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