martes, 1 de septiembre de 2009

Desvaríos varios III


Marta ha dejado de mirar constantemente la aguja de su reloj. Sabe que ya es demasiado tarde, y ésta vez no se conforma con soñar. Vuelve por décima vez a revolotear la cucharilla en el café ya frío y sin esencia y decide recoger sus cosas. ¿Para qué esperar?

Mientras camina por las calles llenas de voces que se entrecruzan, escucha el sonido de su móvil que trata de hacerse notar en el interior de su enorme bolso. Ni siquiera se molesta en buscarlo, ya dejarán de llamar. Ya lo encontrará. Había tomado la decisión de tirarlo a la basura en cuanto llegase a casa.

Marta ya no quería estar conectada con el mundo. No lo necesitaba, y él a ella tampoco.

4 comentarios:

Fante dijo...

El mundo es una sala de espera sin esperanza. Una cocina de comida rápida. El mundo es un comodín incómodo para quién no quiere nada y a nada se atreve. Desconectar es lo más difícil, unas veces, lo menos probable, siempre. Algo nos ata. Si no a nosotros, sí a nuestra cabeza que tiene vida propia, y corazón y alma.

Deprisa dijo...

Una historia triste, pero cierta como todo lo cotidiano. ¿Quién no se ha sentido rechzado nunca? ¿Quién no ha tenido un café frio entre las manos y sensación de abandono?

Más que un desvarío, parece una escena de un final...

Posmoderna dijo...

Oh pero que historia mas triste.
Ella no debio esperar hasta la casa y tirar el celular. Debio tirarlo antes q se enfriara incluso el cafe.
Saludos.

La oyente dijo...

muy bonito, triste, pero bonito, tienes algo muy especial para escribir y contarnos las cosas.
mua!!