miércoles, 9 de septiembre de 2009

Seguir.


Silvia se marchó de allí con los cristales rotos en su interior. No quería olvidar, pero sí seguir caminando. Tal vez su hermano tuviera razón al afirmar que el tiempo hablaría en último lugar, pues al fin y al cabo, él era el dueño de las palabras. Sin embargo las mejillas le olían a sal, y muy a su pesar había algo que sabía con certeza. Que ya nada sería igual. Que todo cambiaría. Que el día y la noche serían uno, y que las agujas de su reloj tardarían mucho en descongelarse.

4 comentarios:

Deprisa dijo...

Si hubieran puesto ese reloj en medio de la calle en pleno sol y para más inri Agosto y en Madrid. Te aseguro que las agujas no sólo se iban a derretir sino que incluso llegarían a fundirse.

Lo más importante es no pararse a pensar, vivir porque toca y seguir porque es el camino para vivir.

Es la única forma de hallar la felicidad :-)

Un saludo.

itjustbegan dijo...

Yo si que te voy a seguir la pista a ti ;) Vaya perlas he encontrado en tu blog! Me encantará seguir leyendote, de verdad.

Oier dijo...

El tiempo siempre tiene la ultima palabra, pero los humanos la habilidad de mover las agujas del reloj a nuestro antojo.
Me ha gustado mucho.

un saludo ;-)

Paula dijo...

Qué bonito :). Es una suerte poder extraer esta belleza de los malos momentos. Es un pequeño consuelo, puesto que no todo el mundo es capaz...
Un besazo!

Paula