domingo, 26 de abril de 2009

Andaba.


Andaba. Las calles estaban llenas de heridas y el cielo parecía enfadado. Caían lágrimas punzantes, calladas, eternas. Y yo sólo andaba. Bañada en tristeza. Sintiendo como un centenar de punzadas me agitaban el estómago. Deseosa de comprender qué fue aquello que no vi; o que no me dejaste ver. Andaba. Despacio, vacía, agotada. Sumisa, dolorosa, inconsciente.

Y de repente tu imagen. Allí. Tan lejos como mis ganas de escuchar tu voz una vez más. Habías hecho añicos aquello que me hacía caminar con normalidad. Habías traicionado mi razón; mi inteligencia. Habías cambiado. Ya no eras tú y dejé de quererte. Porque nunca amaste lo que soy. Porque sólo lo inventaste para robarme el amor que no te pertenecía. Porque creaste una personalidad inexistente.

Todo habría salido bien. Pero el tiempo a veces pone luz en la oscuridad, e incluso los más ciegos terminan por obtener la más clara imagen en su mente. Todo te habría salido bien. Pero tu ausencia me regaló unos instantes de pensamiento y me permití el lujo de mirar, y ver más allá del horizonte de mis miedos.

Ahora solo ando. Perdida y sin rumbo. Lejana a ti. Con el alma agrietada. Ahora solo escapo. No sé bien a dónde. Tal vez, a algún lugar que nadie pueda ensuciar con mentiras...