viernes, 16 de octubre de 2009

Micaela II


Micaela se despertó con el ánimo por los cielos (y no por los suelos), y tras deshacerse del pijama, se regaló una ducha rápida y fría. Con la toalla sobre la cabeza y el cuerpo desnudo, al mirarse en el espejo supo que por fin se había encontrado. No más mentiras, no más palabras dichas por decir, y por encima de todas las cosas, no más amores de una noche que al final, lo único que aportan es una mayor resaca.

domingo, 11 de octubre de 2009

Me muero.


Me muero por darte un beso que te deje sin aliento. Por desnudarte a mi antojo sin preocuparme del tiempo. Por acariciar cada lunar de tu cuerpo y desgastarme el alma de tanto quererte.

Me muero por cogerte de la mano y andar sin rumbo. Por abrazarte tan fuerte que hasta mis pulmones lo noten. Por sonsacarte una carcajada que haga que el mundo entero se muera de envidia.

Me muero por ti.

Micaela I


Micaela estaba cansada de amores de una noche. De besos con sabor a ginebra, y de hombres semi- perfumados.

Con el rostro en la almohada y “somewhere only we know” resonando en sus oídos, recordaba tiempos mejores en los que su vida se llenaba de abrazos y sonrisas de verdad; de esas que querrías no dejar de ver nunca.

Micaela no se sentía infeliz con su soledad recién adquirida, pero estaba hambrienta de cariño. No echaba de menos el sexo, pero sí las complices miradas. Un café bien acompañado, y una charla interesante.

Estaba impaciente por descubrir la siguiente piedra del camino.