martes, 14 de septiembre de 2010

Soy un iceberg.


Soy un iceberg. Un cuerpo fuerte y una piel fría. Un trozo de hielo expuesto a los golpes que provocan aquellos barcos que no saben cómo frenar. Un corazón transparente agrietado en medio de un océano en el que gritar no sirve de nada. Un vacío dentro de un vacío.

Soy un iceberg. Y cada noche me aferro al calor escaso que encuentro en mi mar. Y me derrito un poco, para que el congelado manto que cubre mis entrañas se haga cada minuto más pequeño. Y me permito perder algunas gotas del alma, que cuidadosamente resbalan y desaparecen, igual que aquello que las hizo nacer.

Soy un iceberg. Aunque no por mucho tiempo. Sé que pronto los rayos de sol que me miran desde lejos, cada vez estarán más cerca, y traerán el deshielo. Y será entonces cuando vuelva a ser sirena. Y mi canto podrá escucharse hasta en las profundidades; esas que albergan inmensos y hermosos tesoros.

6 comentarios:

Silvia dijo...

... todos nos hemos sentido un iceberg por momentos, grandes, impenetrables, fuertes... pero a la vez tan sensibles y tan delicados.
preciosa entrada,

Abrazos!,

la farola roja dijo...

Vaya, parece que últimamente todos nos congelamos por dentro... Muy bonita la entrada! Un besete!

Vértigo dijo...

seguro que pronto dejarás de serlo...

La oyente dijo...

¿Por dónde andas? dime que por algún lugar más cálido que ésta última entrada..

Se te echa de menos..;)

mua con muchos rayos de sol!!

Lily dijo...

Preciosa metáfora :)

Un beso

Quimey dijo...

Fantástica metáfora. Hermosa metamorfosis.
De iceberg a sirena.
Qué sueños, éstos....