martes, 14 de septiembre de 2010

Soy un iceberg.


Soy un iceberg. Un cuerpo fuerte y una piel fría. Un trozo de hielo expuesto a los golpes que provocan aquellos barcos que no saben cómo frenar. Un corazón transparente agrietado en medio de un océano en el que gritar no sirve de nada. Un vacío dentro de un vacío.

Soy un iceberg. Y cada noche me aferro al calor escaso que encuentro en mi mar. Y me derrito un poco, para que el congelado manto que cubre mis entrañas se haga cada minuto más pequeño. Y me permito perder algunas gotas del alma, que cuidadosamente resbalan y desaparecen, igual que aquello que las hizo nacer.

Soy un iceberg. Aunque no por mucho tiempo. Sé que pronto los rayos de sol que me miran desde lejos, cada vez estarán más cerca, y traerán el deshielo. Y será entonces cuando vuelva a ser sirena. Y mi canto podrá escucharse hasta en las profundidades; esas que albergan inmensos y hermosos tesoros.