miércoles, 23 de noviembre de 2011

Hay incendios que ni el tiempo apaga.

Sí, se que llevo más de dos meses sin publicar nada. Pero estoy viva, aunque es cierto que apenas me he paseado por este lugar, bien por falta de tiempo o por falta de inspiración. Y lo siento, pero he vuelto, porque uno siempre vuelve a su hogar, pase el tiempo que pase.

La entrada de hoy está inspirada en unas palabras que leí en el twitter /TiempoDetenido. Totalmente recomendable. Un placer reencontrarme con vosotros.




Mis viajes más bellos, los más dulces, los he hecho al calor del hogar (George Sand)


Éramos caminos que no estaban preparados para cruzarse. Distancias que nunca se terminan. Miradas que jamás se encuentran. Quisimos ser el sueño de una existencia hermosa y perfecta. Un oasis en mitad del desierto. La flor que sobrevive al frío invierno.

Al mirarte pensaba en que hay instantes de un segundo que deberían durar toda una vida. Palabras que no se columpian en los labios pero que se escapan a través de nuestros ojos. Caricias que se ocultan bajo nuestros dedos ante la espera de una señal que no siempre llega.

Al besarte descubría que era capaz de sentir amor en todos y cada uno de los resquicios de mi cuerpo. De dominar el miedo que a veces me congelaba, me paralizaba, me impedía llegar hasta ti. De olvidar que los principios, de vez en cuando, vienen de la mano de un final.

Es curioso echar la vista atrás. Parece que ansiemos recuperar aquello que un día fue nuestro. Como si aún fuera posible; como si fuéramos los mismos; como si la belleza jamás se hubiese marchitado.

Hay incendios que ni el tiempo apaga. Y nos agarramos a la esperanza de encontrar fuego y no ceniza. De poder reconstruir lo que meses atrás destruimos. De tener aún la posibilidad de limpiar los escombros y volver a abrazarnos a aquello que nos mantenía con vida.

Hay incendios que ni el tiempo apaga. Sin embargo, muchas veces, las personas sí somos capaces de apagar lo que el tiempo no. Extinguimos aquello que nos ha dejado el corazón en carne viva, y seguimos respirando.

sábado, 17 de septiembre de 2011

Cartas de amor (no) enviadas.


Vení a dormir conmigo:
no haremos el amor, él nos hará. (Julio Cortázar)


Me gustaría decirte que pones luz en mis pensamientos más sombríos. Que haces que me sienta capaz de hacer cualquier cosa. Que saber que existes hace que desee ser cada día una persona mejor.

Me gustaría decirte que el sonido de tu risa es la mejor medicina para el dolor. Que cuando te miro mi corazón recupera la inocencia y la fe. Que al escucharte pronunciar mi nombre sé que quedan un millón de cosas bonitas por llegar.

Me gustaría decirte que verte feliz me hace feliz. Que mis versos recuperan la cordura cuando se pasean por tu cuerpo. Que las noches son mejores desde que te apareces en mis sueños.

Me gustaría decirte que nunca olvidaré el calor de tus manos sobre mis manos frías. Que siempre recordaré la paz con la que has inundado mis atardeceres. Que quererte es uno de los mejores capítulos de mi biografía.


sábado, 10 de septiembre de 2011

Quiero que seas mi septiembre.


Regálame un minuto, un suspiro, un momento.
Olvídate conmigo del reloj y los recuerdos.
Abraza junto a mí la incertidumbre de un deseo.
Saborea en tus labios el silencio de un te quiero.

Deshazte del reloj y vamos a parar el tiempo.
Que las horas se te escapen queriendo entre los dedos.
Ayúdame a romper las cadenas de mis miedos.
Viájame despacio pero sin echar el freno.


Quiero que seas mi septiembre. Mi vuelta al cole, mi final de verano. La brisa que me acaricia las mejillas cuando amanezco. El desayuno que me permite empezar el día con fuerza. Quiero que seas mi septiembre. Mis nuevos recuerdos, mi cuaderno en blanco. Los minutos que paso perdida en unos acordes mientras el metro llega. Y la voz que me indica que he llegado a mi destino. Quiero que seas mi septiembre. La sensación de calor en mis manos cuando sostengo la taza de cola-cao. La persona que me acompaña a arreglar el mundo por las tardes. La manta con la que escondo mis temores. Quiero que seas mi septiembre. Pero sobre todo quiero que tú quieras ser el calendario completo.

P.D: Siento mis ausencias, pero estoy adaptándome a una nueva etapa. Sigo aquí, para leeros, y para agradeceros que seáis parte de este camino.

miércoles, 24 de agosto de 2011

El mundo a mis pies.


Sólo es capaz de realizar los sueños el que, cuando llega la hora, sabe estar despierto. (León Daudí)


Al mirarle comprendí que todo había terminado para siempre. Mentiría si dijera que pienso que lo nuestro fue algo que jamás debió empezar, ya que considero que las mejores lecciones se aprenden tras los errores que (a veces necesariamente) cometemos.

He pasado un año buscando respuestas, esperando que la vida en un acto de generosidad me regalara una pequeña señal que me abriera las puertas al camino correcto. Sin embargo esas cosas no suceden, al menos no a mí. Soñé millones de veces con una de esas escenas de película en la que “chico pide perdón a chica que se echa a llorar emocionada y perdona todo tipo de humillaciones cual retrasada profunda”. A día de hoy me sorprendo con la cantidad de estupideces que somos capaces de hacer, decir o pensar mientras estamos ciegos de amor.

Me decía a mí misma que para poder continuar debía antes aprender a perdonarle a él, a dejar atrás el odio y el rencor. Entonces, sólo entonces, conseguiría volver a respirar y recuperar mi fe. Pero me equivocaba, pues a quien debía perdonar era a mí misma por haber permitido a otra persona hacerme daño de manera tan gratuita; por no haberme querido un poquito más; por seguir auto-boicoteando mi presente con recuerdos del pasado.

Sabía que volvería a verle (es lo que tienen las fiestas de verano). Era inevitable. Y al mirarle comprendí que todo había terminado para siempre.

Y ahora estoy aquí, con el mundo a mis pies. El cielo está despejado. Por lo que a mí respecta, su capítulo está cerrado con un punto y final. Capítulo nuevo: Yo, siendo feliz; cumpliendo mis sueños, por fin.


Una canción que me gusta:

martes, 26 de julio de 2011

Nos vemos a la vuelta.


No me siento viejo porque tenga tantos años tras de mí, sino por los pocos que tengo por delante. (Ephraim Kishon)


Hace apenas 4 días dejé atrás mis 23 para sumar a mi vida una primavera más. Un año más de experiencias, de errores de los que aprender, de sonrisas que regalar y de personas que vienen y van o que, a veces por sorpresa, vienen y se quedan. Y por supuesto, de personas que están, y que tienes la certeza de que nunca se irán.

Llevo días pensando en hacer un pequeño balance de las cosas que han cambiado en mi vida los últimos doce meses, y al abrir el baúl de los recuerdos me he encontrado con que mi memoria ha decidido ser selectiva y otorgar prioridad a los momentos en que he sido más feliz. Aunque claro está, eso no quiere decir que algún mal recuerdo no se me haya colado entre las rendijas.

Teniendo en cuenta mi tendencia a ser todo un ser humano que comete errores una y otra vez, he aprendido un montón de cosas. Cosas que me incitan diariamente a querer ser una persona mejor y que me regalan sabiduría de esa que sólo aquel que tiene los ojos abiertos es capaz de percibir.

Me siento agradecida por los momentos que he vivido, los bonitos y los feos. Sí, los feos también, porque me reafirman en mi capacidad para seguir adelante, y me han hecho más fuerte.

Me siento agradecida por aquellos que han estado a mi lado, compartiendo cola-caos, viajes, abrazos, alegrías, tristezas, nubes grises... ¡tantas cosas! Porque son ellos los que me hacen saborear de verdad mis días.

Me siento agradecida por el tiempo, que ha sabido hacerse corto cuando he necesitado un buen chute de presión y largo cuando las heridas de guerra empezaban a cicatrizar, pues uno no puede curarse en dos meses de una batalla de años.

Y así podría seguir unas cuantas horas más, mencionando aquello por lo que me siento agradecida, pero hay cosas que prefiero guardarme para mí.

Sólo una última cosa. Gracias. Gracias a vosotros que me leeis, y visitáis mi lugar para soñar; que me habéis visto crecer mediante palabras y que tantas veces me habéis hecho reír con las vuestras. Con vosotros, todo esto tiene mucho más sentido.

Hoy cierro por vacaciones este blog, aunque quién sabe si podré resistirme a escribir durante tanto tiempo. Necesito unas semanas de vacaciones, para estar con mi familia, para descansar, para mí. Espero que esteis disfrutando enormemente de las vuestras y... ¡Nos vemos a la vuelta!

jueves, 7 de julio de 2011

Descolocas mi mundo.


Cuando creíamos que teníamos todas las respuestas, de pronto, cambiaron todas las preguntas (Mario Benedetti)


Tú descolocas mi mundo. Un instante eres la mar en calma en la que nado sintiéndome en paz, y al otro, provocas un tsunami que destruye hasta los cimientos de mis sueños. Me haces sonreír, pero no de la manera en que te ríes tras escuchar la historia más divertida, sino con esa ilusión de quien escucha algo que aunque ya sabía, le reafirma en su alegría. También me sacas de mis casillas, porque eres caprichoso e inconformista, odias que las cosas no sean como tú quieres y te enfadas, y me enfadas, y me haces dudar de mi cordura. Un instante nos entendemos a la perfección, como si nuestras mentes tuvieran algún tipo de conexión especial, y al otro parece que hablamos idiomas diferentes e incompatibles.

Tú descolocas mi mundo. Un mundo que está en obras y sólo permite entrar al personal autorizado. Pero te empeñas en pasar y revolucionarlo todo, y cuando no lo consigues te enfadas, y me enfadas. Un instante haces que todo parezca fácil y sencillo, y al otro consigues que mis miedos hagan de éste, un lugar mucho más difícil. Somos agua y aceite, pero también agua y jabón.

Tú descolocas mi mundo. Tal vez sea eso lo que me hace ver en ti un imposible. Tal vez sea eso lo que me convierta en una fugitiva.

miércoles, 22 de junio de 2011

Desvaríos varios VIII


Deja que me asome por tus hombros y vea el mundo que me espera al otro lado. Deja que mi corazón camine a pasos lentos pero sin perder el rumbo y ten paciencia. Deja que te bese con mis letras desde lejos y no escondas tus labios. Deja que me equivoque, que me pierda, que me caiga y no me ayudes. Deja que me reconstruya, que el aire limpio entre por mis poros y se lleve las pesadillas. Deja que te sienta a mi manera. Deja que mis miedos se queden sin motivos para quedarse a mi lado, y espera. Deja que haga cuando me sienta capaz de hacer y abrázate mientras fuertemente a mis versos.

O

Dime que ya es tarde para viajarte en sueños. Dime que no se te enciende la luz ni un segundo cuando me piensas. Dime que tus líneas cuentan ahora historias de otras reinas. Dime que ya no hay nada más que podamos contarnos. Dime que camine recta sin girar la cabeza para verte. Dime que estás cansado de mis grietas, de mis miedos, de mis fantasmas. Dime que se terminó todo este relato que ni tan siquiera había empezado. Y entonces seré lo suficientemente honesta para decirte adiós.

jueves, 16 de junio de 2011

Desvaríos varios VII


"La vida se compone de instantes. Como el instante en que decides dejar de fumar, o ese en el que te das cuenta de que el tren pasa sólo una vez.

También se compone de segundos, minutos y horas. Como esas miradas sonrientes que se cruzan por la calle y aunque duran apenas un segundo alegran tu día. O el minuto que tardamos en calentar el cola-cao del desayuno que nos hace empezar la mañana de buen humor. O la hora que se nos hace tan corta a veces y no deseamos que termine nunca.

Después vienen los días, las semanas, los meses y los años. Esos días que parecen ser simples días pero que terminan siendo un recuerdo imborrable en nuestra memoria. Y las semanas que pasaste delirando en tu habitación, estudiando sin parar para al final sentir que ha merecido la pena. Los meses de verano en familia, que al final se traducían en nuevas amistades y un “papá, mamá, llegaré tarde”. O los años que dejamos atrás, que nos han hecho crecer, encontrarnos y finalmente ser quienes en el fondo, siempre quisimos ser"


La verdad es que no tengo ni idea de en qué punto estoy. Hace tiempo que dejé de mirar el mapa. Pero siento que este lugar es mejor y el próximo superará con creces al de ahora. Porque es lo que quiero. Porque me lo debo.

Aún tengo miedo y sé que no todo el mundo será capaz de entenderlo. Pero cuando sientes como algo dentro de ti se rompe en mil pedazos, y escuchas atentamente a aquellos que dicen “dentro de un mes ni te acordarás”, sólo puedes pintar tu rostro con una sonrisa amarga. Y es difícil entonces continuar como si nada; ser capaz de no perder la fe; tirarse a la piscina de cabeza. Porque en el fondo, desengañémonos, estamos aterrorizados. Apenas nos hemos recompuesto; unido y arreglado cada trocito. No es fácil arriesgarse de nuevo a experimentar algo similar o parecido.

Tal vez sea injusto. Pero para mí, sería más injusto darle a alguien un corazón en mal estado. Y mucho más injusto esconderte en otros brazos sin nada que ofrecer. Porque cuando te lo quitan todo y te quedas sin nada, cuando no eres más que un vacío absoluto y una lágrima hecha persona, lo justo es regalarte el tiempo necesario para recuperar lo perdido y aclarar tu mente. Entonces sí podrás volver a querer con auténtica sinceridad.

¿Quiero sentirme bien? Por supuesto. Quiero, quiero, quiero y quiero. Pero por mucho que digan no siempre depende de lo que nosotros queremos. El querer sólo acelera el proceso para conseguir nuestro objetivo. Y ando, no me quedo quieta, porque aunque podría conformarme con este lugar ¿quién no desearía estar en un lugar mejor? Éste es mi instante, ese en el que me paro a escribir que aún temo. Nos vemos en el siguiente.

lunes, 30 de mayo de 2011

Ésta es la última vez.


No sé cuántas veces me dije a mí misma “ésta es la última vez”. La última vez que pensaría en ti al pasar junto a alguno de nuestros rincones secretos. La última vez que lloraría escondida entre las sábanas de mi cama para que nadie pudiese hacer preguntas que no tenía ganas de responder. La última vez que olvidaría la razón que me ha llevado a estar en este lugar. La última vez que sentiría un amor tan grande que me dejara sin respiración, que me nublara la vista, que me hiciese habitar en las nubes más inestables que haya conocido jamás.

Dije “ésta es la última vez” y nunca lo fue. Y me doy cuenta de la manera más tonta de que podemos esforzarnos tanto como queramos para hacer que el dolor que nos aprieta el corazón y que nos entrecorta el aliento desaparezca más deprisa, que éste sólo desaparecerá en su momento justo, cuando estemos preparados para afrontar que hay que volver a empezar. Que hay que seguir adelante.

A mí me asustaba imaginar un mundo en el que no estuvieras. Me asustaba ser capaz de vivir sin tus ojos mirándome fijamente en silencio. Me asustaba ser capaz de volver a sentir por alguien lo que un día sentí por ti. Me asustaba la idea de despertarme una mañana sin recordar tu cara. Me producía terror empezar de cero.

Los meses han pasado rápido. Tantas fueron las veces en que creí estar bien que llegué a creérmelo de verdad y a actuar como si todo a mi alrededor fuera un día de sol intenso en pleno invierno. Pero de vez en cuando un detalle, pequeñito, me devolvía a mi realidad. Y me perdía en un camino que yo misma había elegido recorrer. He sido víctima tanto tiempo de mis propias mentiras que me siento estúpida.

Y esta noche estoy aquí, frente a uno de esos detalles. Sin sentir absolutamente nada. Dándome cuenta de que lo que realmente necesito no es un clavo que saque otro clavo, ni un viaje que me lleve a no pensar. Dándome cuenta de que mi felicidad sólo reside en mí misma y no en ninguna otra persona.

Ésta es la última vez. Lo sé. La última vez que mis letras te viajan. Que mis canciones te suenan. Que mis manos te escriben.


martes, 17 de mayo de 2011

Pasando página.


No entiendo la manía que tenemos por aferrarnos con tanta fuerza al pasado. Algunas veces por nostalgia, otras por aburrimiento, nos da por releer palabras que un día fueron nuestras, viajar a través de fotografías, derramar una tímida lágrima mientras sujetamos con las manos un objeto que en su día fue el mayor tesoro jamás encontrado.

Nos preguntamos que habría sido de nosotros si hubiéramos elegido otro camino. Si nos hubiéramos arriesgado. Si no hubiéramos tenido miedo de decir te quiero. Si hubiéramos cogido ese avión para cumplir un sueño. Nos imaginamos una vida diferente a la que tenemos, recordando besos que no se dieron, besos que lo cambiaron todo, y besos que no fueron más que besos.

Nos aferramos a lo que fue y ya no es. A lo que nunca fue, bien porque no pudo o porque no quisimos. Y por momentos la curiosidad nos sorprende tratando de adivinar si cometimos un error, si aún estamos a tiempo; si ya no tiene sentido…

No entiendo la manía que tenemos de hacer las cosas tan difíciles. Como si nunca fuera suficiente con lo que tenemos. Como si no bastara con mirar a la persona en la que nos hemos convertido con profunda satisfacción.

Todo es más sencillo. Todo es más fácil. Jamás volveremos a ser quienes fuimos. Dijimos no porque en su momento quisimos decir no. Nos arriesgamos porque entonces nos parecía la locura más bonita del mundo. Elegimos ese camino porque entendimos que era el que debíamos seguir. Pasamos páginas y cerramos heridas por nuestro propio bien. No tiene sentido volver atrás, ni revisar las cicatrices para comprobar si están cerradas del todo.

Si bien es cierto que el pasado a veces vuelve a nosotros sin buscarlo. Y sentimos la tentación de abrazarlo, y de sentarnos a contar viejas historias. No podemos evitarlo. Se nos olvida que son viejas historias.

Pero al final comprendemos que cerrar la ventana nos protege del frío de madrugada. Observamos el hoy y nos sentimos grandes supervivientes. Hasta aquí hemos llegado. Hemos caído. Nos hemos levantado. Hemos seguido hacia delante. Hemos cambiado.

Yo por mi parte he comprendido que hace mucho que deje de vivir para pensar. Y como dice la canción “vivir es lo más bonito que tiene la vida”. Así que pienso cambiar el pensar por vivir y que sea lo que tenga que ser. Dejo atrás mi pasado, no me obsesiono con el futuro… Disfruto del presente.


Y un regalito:

domingo, 8 de mayo de 2011

Ya no recuerdo...


Ya no recuerdo cuántas veces cerré los ojos para pensar en ti. Ni el número de palabras que mi corazón me hacía escupir sobre un papel para expresarte mi cariño. Ya no recuerdo si estaba nerviosa o no la primera vez que nuestros cuerpos se encontraron. Ni si sonreía tontamente al escucharte hablar al otro lado del teléfono. Ya no recuerdo si en verano tu piel se teñía de rojo o de color dorado. Ni si tu voz era grave o aguda. Ya no recuerdo si me latía el corazón a mil por hora al saber que te vería. Ni el lado de la cama en el que preferías dormir. Ya no recuerdo tu olor. Ni la melodía de tu móvil. Ya no recuerdo tu canción favorita. Ni tu plato preferido. Ya no recuerdo la cantidad de lágrimas que resbalaron por mis mejillas al descubrir que me perdías. Ni si sentía ese cosquilleo extraño al ponerme de puntillas para besarte. Ya no me acuerdo de si hablé por los codos el primer día que nos vimos. Ni si tenías cosquillas. Ya no me acuerdo del día en que supe que te quería. Ni del día en que supe que tú nunca me habías querido. Ya no me acuerdo de si me daba vergüenza o no cantar canciones mientras conducías. Ni del sonido de tu risa. Ya no me acuerdo de si llevabas el pelo corto o largo en nuestro último abrazo. Ni si alguna vez me dijiste que estaba preciosa.

Ya no recuerdo casi nada. Y supongo que eso es lo que nos hace el tiempo.


P.D: Inspirado como no, en esa preciosa canción de Estopa "Ya no me acuerdo"

sábado, 23 de abril de 2011

Cinco minutos.



Bajo corriendo las escaleras del portal. Llego tarde. Y se apaga la luz. Busco a ciegas el interruptor que tantas veces he confundido con algún timbre. Y rezo para que eso no vuelva a ocurrir. Enciendo la luz y otra vez a correr. De repente tu mano agarrando la mía. Tu sonrisa clavándose en mi pecho. Tus ojos retando a los míos. Y mis rodillas luchando por no doblarse. Mi corazón tratando de mantener relajadas sus pulsaciones. Un minuto en silencio. Dos minutos y tu mano deslizándose hasta mi codo. Tu sonrisa sigue ahí, intacta. Tres minutos y nuestros labios a medio centímetro. El calor de nuestro aliento tiritando en la intimidad. Cuatro minutos y tu mano acariciando mi mejilla. Mis pies clavados en el suelo y mi piel erizándose por momentos. Cinco minutos y me besas. Estoy perdida. Y llego tarde. Pero ya no me importa. Ese beso ha detenido mi tiempo. Cinco minutos y me besas. No pienso en nada. Sólo puedo sentirlo. Que todo es diferente. Que sigo viva. Que es el momento de perder el rumbo. Cinco minutos y somos uno. Suena el despertador. Y en mi interior sólo soy capaz de gritar… ¡Cinco minutos más!

P.D: ¡Feliz día del libro!

lunes, 18 de abril de 2011

Respuestas.


Hoy no vengo con poemas, ni relatos, ni historias... Hoy vengo con un cuestionario que Nicole Sagan de http://danzandoencasasolaydescalza.blogspot.com/ me ha pedido que haga. Me gustan más estas cosas que a un niño un caramelo así que no he podido negarme :).

Animo a hacerlo a quien le apetezca. Un abrazo y aquí os lo dejo.

P.D: He hecho un facebook para el blog así que estaré encantada de encontraros y que me encontreis :P

¿Cuántas preguntas puedes responder inteligentemente?: No lo sé, pero seguro que son menos de las que me gustaría.

-¿Una duda?: ¿Existe la fidelidad realmente o es un mito?

-Una certeza: Todas las personas nos enamoramos de algo o alguien al menos una vez en la vida.

-Un color: Soy multicolor, me gustan muchos. El rojo, el negro, el verde, el azul…

-Un deseo: Llegar al final de mi vida con la sensación de no haberme perdido nada, de haber cumplido mis sueños y mis metas, de haber encontrado mi lugar en el mundo.

-Una virtud: Creo que eso es algo que debe responder alguien que me conozca.

-Una frase: “Ámate a ti mismo lo suficiente como para darte cuenta que, cuando alguien no te quiere, tú debes seguir adelante”.

-Un sueño: Conocer mundo tanto como el dinero y el tiempo me lo permitan.

-¿Qué significado tiene para ti la hoja en blanco?: Un comienzo. La posibilidad de empezar de cero. De crear. Un reto a la vez; algo en lo que debemos poner los cinco sentidos para no equivocarnos y llenar esa hoja de tachones que sólo ensucian su belleza.

-¿Escribe por necesidad o por afición?: Ambas. Siempre me ha gustado escribir, pero creo que empecé a hacerlo porque lo encontré como un modo de expresarme con mayor libertad, de vaciarme, de escapar un ratito de mi vida. Hoy es el día en que pasan por mi cabeza tantas cosas que si no las escribiera mi cabeza estallaría, y cuando escribo me siento bien. Es una de mis mayores aficiones; me hace feliz.

-¿Pones música en tu blog?: Sí. (Con el nuevo diseño he cambiado la playlist y ahora está abajo del todo :P). La música inspira cada una de las cosas que escribo en este blog, así que este espacio sin esas canciones no tendría ningún sentido.

-¿Eres una persona sentimental?: A veces demasiado jaja.

-Si quisieras tener un único sentimiento, ¿cuál elegirías?: Me volvería loca si tuviera que elegir sólo uno jajaja. ¡Los quiero todos! (Para bien o para mal) Tiene que haber un equilibrio.

-Una pregunta: ¿Sólo una?

-Si desearas algo, ¿qué pedirías?: Creo que ya he respondido a eso… Pero si puedo pedir más pediría tener a mi madre más cerca.

-Cuando escribes, ¿qué sientes?: Paz, desahogo, alegría, tranquilidad, emoción, amor, rabia, pena… Tantas cosas en tan diversos momentos…

-¿Creyente?: Antes lo era. Ahora soy agnóstica. Es un tema que da para rato.

-¿De no ser creyente, en qué creerías?: Creo en las personas. Creo en la magia. Creo en muchas cosas.

-¿Qué esperas de la vida?: Dejé de esperar hace mucho tiempo. Ahora me limito a disfrutarla y eso me llena mucho más que sentarme a esperar.

-¿Qué significado tiene para ti el amor?: jajaja necesitaría un libro para responder a esto. Sin amor no se puede vivir, ya sea amor hacia otra persona, hacia una mascota, hacia un lugar…

-¿Cómo te consideras a ti como persona?: Distinta.

-Tienes un blog, ¿por qué?: Porque me gusta escribir, y me gusta compartir.

-¿Crees que eres una persona a la que se le reconoce su valía?: No me interesan los reconocimientos. Trato de ser mejor persona cada día conmigo y con los demás, y no necesito más reconocimiento que, que las personas que quiero sigan estando a mi lado.

-Un defecto: ¿Sólo uno? Jaja.

-¿Qué esperas del amor?: Todo y nada.

-Y una última pregunta: ¿qué le pedirías a la vida?: Tiempo.

martes, 12 de abril de 2011

¿Qué harías si no tuvieras miedo?


Si no tuviera miedo haría mis maletas, cogería mi pasaporte y perseguiría mi mayor sueño.

Si no tuviera miedo miraría hacia atrás con los ojos bien abiertos para no perderme ni un segundo de quien fui.

Si no tuviera miedo cerraría a cal y canto una puerta que sin saber bien por qué, me empeño en mantener abierta.

Si no tuviera miedo sería más cariñosa con las personas que comparten mis días; las abrazaría más a menudo.

Si no tuviera miedo volcaría sobre la mesa todos esos sentimientos que me guardo y me obligaría a expresarlos.

Si no tuviera miedo abriría del todo mis oídos para escuchar las palabras que a veces, prefiero no escuchar.

Si no tuviera miedo reconocería más a menudo que como ser humano tengo el derecho de cometer errores.

Si no tuviera miedo aceptaría que hay problemas que no está en mi mano solucionar.

Si no tuviera miedo me diría unas cuantas verdades que no necesitan ser aplazadas.

Si no tuviera miedo le diría a alguien lo mucho que siento no haber sido lo que necesitaba.

Si no tuviera miedo dejaría de creer tanto en el destino para asumir que casi siempre, está en nuestras manos la posibilidad de cambiar las cosas.

Si no tuviera miedo comprendería que no porque alguien te haya hecho daño todo el mundo va a hacerlo.

Si no tuviera miedo me sentaría frente al espejo para repetirme todas estas cosas que temo. No dejaría que me paralizaran.


Bueno, el primer paso es aceptarlo o eso dicen... Y vosotros ¿qué haríais si no tuviérais miedo?

jueves, 7 de abril de 2011

Recordando.


No sé si es normal o no pero lo cierto es que aún, de vez en cuando, te asomas por el balcón de mis recuerdos. Y te miro. Y tú me miras y sonríes. Y dices alguna de esas cosas sin sentido que tanta gracia me hacían. Y extiendes tus brazos esperando a que me esconda en ellos. Y me acuerdo del sabor de aquellos días. De la felicidad absoluta y las miradas cómplices. De las caricias no meditadas y las cosquillas que me hacían rabiar. Me acuerdo de los sueños que quedaron por cumplir. De los escalofríos que me recorrían cuando me hablabas a oscuras. De tu mano no queriendo soltar la mía al tener que despedirnos.

Luego todo se vuelve borroso, como si fuera un sueño y fuera a despertarme porque entra luz entre los huecos de la persiana. Y lo único que queda es el sabor amargo y la nostalgia por una historia que nunca fue verdad aunque yo así la viviera. Me queda la sensación de no haber avanzado lo que creía en tantos meses. Y el espacio que antes fue tuyo al otro lado de mi cama.

Y me da por pensar en que quizá no te he olvidado. Que tal vez aún viva en mí ese amor tan grande que pude regalarte mientras estábamos juntos. Que puede ser que con el tiempo se me haya olvidado el daño que me hiciste.

Pero me froto los ojos, y sigo despertándome poco a poco. Descubro que nada de eso es cierto. Que he avanzado. Que no te quiero. Que te he olvidado. Es simplemente que se hace inevitable mirar hacia atrás algunas veces y acordarte de quien eras. Sabiendo que jamás volverás a ser esa persona; pero con la certeza de que te gusta en quien te has convertido.

jueves, 31 de marzo de 2011

Cambios, cambios y más cambios


“Cuánto más cambian las cosas más siguen igual”

Es algo que un día escuché y hace poco me recordaron. El caso es que los cambios se producen a veces porque así lo queremos, y otras, porque tienen que ocurrir. En muchas ocasiones no vemos venir esos cambios; nos pillan por sorpresa, porque nuestra certeza en que todo seguiría siempre igual era inmensamente grande. Y cuando de repente, todo cambia, no tiene sentido quedarse quieto, esperando que aquello que teníamos o vivíamos vuelva a aparecer por arte de magia. Al final eso no te lleva a ninguna parte, sino que te mantiene en el mismo lugar, frustrado ante la espera de un por qué, y con el miedo de escapar de esa pequeña jaula.

Hace unos tres años y con una discusión absurda de por medio, perdí una pequeña parte de mí, lo cual indudablemente me hizo ser una persona incompleta. En ese momento apenas lo percibí ya que la única verdad que yo veía, era que esa amistad había dejado de tener sentido y por tanto, ponerle fin era la decisión más acertada.

Tres años son muchos. Es mucho tiempo para vivir, para crecer, para cambiar y por qué no, también para olvidar. Ese enfado y ese rencor quedaban atrás y empezaban a tambalearse para por fin caer y desvanecerse. Llegó un momento en el que sólo quedaron recuerdos buenos, y te eché de menos, pero el tiempo había sido largo y las circunstancias poco adecuadas.

Hace apenas un mes reapareciste en mi vida queriendo dejar atrás el pasado y dando un paso que yo jamás fui capaz de dar. Sólo por eso merecías que te escuchara. Pensé que sería extraño, que te desconocería… Pero me encontré con alguien igual, aunque mejor. Hablar contigo me hace olvidar esos tres años de ausencia porque siento que no han pasado, aunque sé que debo tener presente que sí. Al fin y al cabo, son parte de nuestra historia.

Eres de las pocas personas que me conocen casi tanto como yo misma, y es cierto que se me pasan las horas arreglando el mundo contigo. Te preguntas si es que hemos cambiado poco o si el destino tal vez puso este tiempo de por medio para hacernos ver con claridad las cosas; y lo que yo creo es que hemos cambiado, sólo que mientras otras personas crecen por caminos diferentes y no llegan a encontrarse nunca, nosotros nos hemos encontrado mientras parábamos para descansar y hemos decidido compartir de nuevo el mapa.

A veces estas cosas simplemente pasan. A veces tal vez haya que cambiar para volver a ser iguales. Lo único de lo que estoy segura es de que recibo este abrazo a 4,5 centímetros de distancia con los brazos abiertos, y no tengo duda alguna de que si por alguna razón nuestros caminos vuelven a separarse, siempre existirá la posibilidad de encontrarnos de nuevo.


P.D: No sé en el resto del mundo, pero aquí hace un día increíblemente soleado. Aquí os dejo una canción que me sube mucho el ánimo en este tipo de días... Y ¡A vivir!

viernes, 25 de febrero de 2011

¿Qué pensará ella?


Siempre pensaste que encontraría el modo de volver. Que tan sólo necesitaría un tiempo a solas para descubrir que mi hogar estaba donde tú estabas. Que tan sólo bastaría el despertarme una mañana sin ti para entender que era media persona si no te tenía a mi lado.

Siempre pensaste que no sería capaz de seguir conduciendo. Que me pararía en mitad de la autopista apoderada por el miedo de no saber hacia dónde viajo. Que entraría en razón y daría marcha atrás. Que cogería el cambio de sentido más cercano para volver a esconderme en tu recuerdo.

Siempre pensaste que volvería a quererte. Que olvidaría las pequeñas y grandes cosas que me faltaron, impidiéndome ser feliz del todo. Que me daría cuenta de que en el fondo lo único importante era el amor que sentimos un día. Que tendrías la oportunidad de decirme “te lo dije”, para después mirarme con la barbilla levantada.

Siempre pensaste muchas cosas, pero hay algo en lo que nunca pensaste: ¿Y qué pensará ella?



Amo profundamente esta canción:

jueves, 17 de febrero de 2011

Eres...


Eres mi punto débil. Mi hogar. El lugar al que vuelvo cuando mis viajes terminan. La voz que me empuja a seguir caminando con la cabeza alta. Los ojos que ven cuando mi vista se encuentra cansada.

Eres la canción que ameniza mis ratos a solas. El recuerdo que me hace sonreír sin venir a cuento. La historia preferida en las noches de insomnio. Los brazos cálidos que me abrigan cuando el frío me hace tiritar.

Eres el sueño al que siempre caigo rendida. El amanecer que me saluda cuando aún estoy adormilada. La cosquilla que se apodera de mi estómago en los momentos de nerviosismo absoluto. Los misterios que tanto me entretiene resolver.

Eres el instante que se queda grabado en mi cuerpo. El olor que trae una infinidad de imágenes a mi mente. La banda sonora perfecta en mis triunfos. Los fuegos artificiales en cada una de mis noches de feria.

Eres mi plato preferido del menú del día. El anuncio que me devuelve a la infancia que quedó atrás hace tantos años. La poesía que escribo cuando la inspiración me visita. Los milagros que a veces, sin esperarlos, ocurren.

Eres todas y cada una de esas cosas. Incluso más. Ahora sólo desearía ser lo mismo para ti.




Y una recomendación: http://palabrasyarena.blogspot.com/

miércoles, 2 de febrero de 2011

Momentos inesperados


Tiemblan mis manos cuando se encuentran con tus dedos.
Tiemblan mis piernas cuando me llevan hacia ti.
Tiemblan mis labios cuando se acercan a tus besos.
Tiemblan mis mariposas cuando te adentras en mí.


Estoy de espaldas, quieta, inmóvil, y con ese pensamiento extraño rondando por mi cabeza. No estoy segura de qué pasará ahora, pero siento tu mirada clavándose en mi nunca, y tu mente tratando de descifrar el acertijo de la mía. Ha sido un beso inesperado, breve, pero a la par intenso. De esos en los que sabes que te lo juegas todo, porque no tienes la certeza de que los deseos de la otra persona se correspondan con los tuyos, y quieres con todas tus fuerzas que lo hagan.

Me has besado y yo no he podido, no he sabido o ¿no he querido? impedírtelo. Me siento confundida porque no sé qué debo hacer ahora. Tal vez lo correcto sería darme la vuelta, ponerme frente a frente y pedirte que hagamos como si nunca hubiera pasado. Pero en realidad sólo siento ganas, unas ganas enormes de que lo hagas de nuevo. De sentir las yemas de tus dedos sobre mi espalda, y el calor de tu aliento susurrando palabras en mi oído. Ganas de caminar en silencio contigo hacia ninguna parte.

Así que me giro, y ahí estás tú, también quieto e inmóvil. Sonríes tímidamente, nervioso, a la espera de algo. Deduzco que tampoco sabes muy bien qué decir, por lo que te limitas a analizar mi mirada, que ahora está en calma. Y me río, abierta, serena y alocada. Doy un paso hacia ti. Sucede. Me besas durante no sé cuánto tiempo. Y entonces lo único que se me ocurre preguntarme es ¿cómo no me he dado cuenta antes?

domingo, 30 de enero de 2011

Carolina se enamora


Hoy me gustaría hablaros del último libro que he leído, o mejor dicho, devorado, ya que lo compré el miércoles por la tarde, y hace apenas unos minutos que lo he terminado.

Sí, lo reconozco, soy una de esas románticas que se han enganchado a las palabras de Federico Moccia. Me los he leído todos, desde “A tres metros sobre el cielo”, pasando por “Perdona si te llamo amor”, para llegar al último: “Carolina se enamora”.

Carolina está a punto de cumplir 14 años y posee aún esa inocencia que todos hemos conocido y que con el tiempo, hemos ido perdiendo y olvidando. Ama profundamente a su hermano, a su madre y a sus abuelos. Ama a sus mejores amigas. Ama el amor, que aunque no conoce pero conocerá, se le antoja como el mejor de los regalos que puede hacerte la vida.

Carolina está llena de entusiasmo. Se divierte, sonríe, experimenta, se lanza, se avergüenza, no se arrepiente, y vive cada minuto de la forma más intensa que existe.

Esta novela me ha devuelto a mi niñez, a esos días en el colegio, a los nervios anteriores y posteriores al primer beso, a los sentimientos que se parecen al amor pero que realmente no lo son, al primer amor de verdad, a las mariposas revoloteando, al miedo de poder perderlo todo en un segundo, al deseo de permanecer así siempre.

Hay quien pensará que es tan sólo un libro para niñas, pero yo no lo he sentido así. Creo que en realidad está escrita para nosotros, que ya dejamos atrás todo aquello y que nos hemos sumido en la madurez, en la monotonía cotidiana, en el mundo que va más allá de los sueños. Creo que en realidad está escrita para hacernos recordar que un día fuimos así, y que jamás debemos perder el niño que llevamos dentro para no marchitarnos.

Claro está que sus páginas encierran mucho más que lo que os he contado, pero os animo a que lo descubráis vosotros mismos. A mí personalmente, Moccia ha conseguido cautivarme una vez más, convirtiéndose esta novela en mi favorita de entre todas las que nos ha regalado.


martes, 25 de enero de 2011

Desvaríos varios VI


Antes de nada me gustaría disculparme por mis largas ausencias, pero están siendo tiempos moviditos. Aquí os dejo lo último que he escrito, que no necesariamente es autobiográfico. Espero que lo disfruteis.

Estoy empezando a quemarme. Lo sé porque mis pensamientos han ido poco a poco adquiriendo un color grisáceo, similar al de la ceniza. Y porque cuando pienso en ti acariciando sutilmente mi hombro derecho, mi temperatura corporal aumenta de tal modo que creo estar poniéndome enferma. Y siento el humo, colándose por las grietas de mi pecho, enrojeciendo batallas pasadas y cegando el poco sentido común que aún albergaba en mi existencia.

Estoy empezando a rendirme. Lo sé porque asiento en cada una de tus proposiciones para nada decentes, dejándome llevar. Y porque las certezas que antes veía tan seguras, salen ahora a luchar sin espada ni escudo. Y siento cerca la derrota, pero dejo que me embauque con frases de autor, tan estudiadas que aunque ya las conocía me parecen recién sacadas del horno, con el mismo olor apetecible y hogareño.

Estoy empezando a quererte. Lo sé porque viajas a mi mente en cada renglón que apoyo sobre el papel, dejándote entrar aunque vengas sin pasaporte. Y porque despertar sobre tu almohada es como sumergirme en el océano más profundo, sin pensar que en cualquier momento puedo dejar de ver tierra y encontrarme perdida en el centro de la nada, sin más compañía que estos sentimientos que no conoces y jamás conocerás. Y siento que puedo respirar, aunque el agua me cubra hasta la cabeza.