miércoles, 2 de febrero de 2011

Momentos inesperados


Tiemblan mis manos cuando se encuentran con tus dedos.
Tiemblan mis piernas cuando me llevan hacia ti.
Tiemblan mis labios cuando se acercan a tus besos.
Tiemblan mis mariposas cuando te adentras en mí.


Estoy de espaldas, quieta, inmóvil, y con ese pensamiento extraño rondando por mi cabeza. No estoy segura de qué pasará ahora, pero siento tu mirada clavándose en mi nunca, y tu mente tratando de descifrar el acertijo de la mía. Ha sido un beso inesperado, breve, pero a la par intenso. De esos en los que sabes que te lo juegas todo, porque no tienes la certeza de que los deseos de la otra persona se correspondan con los tuyos, y quieres con todas tus fuerzas que lo hagan.

Me has besado y yo no he podido, no he sabido o ¿no he querido? impedírtelo. Me siento confundida porque no sé qué debo hacer ahora. Tal vez lo correcto sería darme la vuelta, ponerme frente a frente y pedirte que hagamos como si nunca hubiera pasado. Pero en realidad sólo siento ganas, unas ganas enormes de que lo hagas de nuevo. De sentir las yemas de tus dedos sobre mi espalda, y el calor de tu aliento susurrando palabras en mi oído. Ganas de caminar en silencio contigo hacia ninguna parte.

Así que me giro, y ahí estás tú, también quieto e inmóvil. Sonríes tímidamente, nervioso, a la espera de algo. Deduzco que tampoco sabes muy bien qué decir, por lo que te limitas a analizar mi mirada, que ahora está en calma. Y me río, abierta, serena y alocada. Doy un paso hacia ti. Sucede. Me besas durante no sé cuánto tiempo. Y entonces lo único que se me ocurre preguntarme es ¿cómo no me he dado cuenta antes?

domingo, 30 de enero de 2011

Carolina se enamora


Hoy me gustaría hablaros del último libro que he leído, o mejor dicho, devorado, ya que lo compré el miércoles por la tarde, y hace apenas unos minutos que lo he terminado.

Sí, lo reconozco, soy una de esas románticas que se han enganchado a las palabras de Federico Moccia. Me los he leído todos, desde “A tres metros sobre el cielo”, pasando por “Perdona si te llamo amor”, para llegar al último: “Carolina se enamora”.

Carolina está a punto de cumplir 14 años y posee aún esa inocencia que todos hemos conocido y que con el tiempo, hemos ido perdiendo y olvidando. Ama profundamente a su hermano, a su madre y a sus abuelos. Ama a sus mejores amigas. Ama el amor, que aunque no conoce pero conocerá, se le antoja como el mejor de los regalos que puede hacerte la vida.

Carolina está llena de entusiasmo. Se divierte, sonríe, experimenta, se lanza, se avergüenza, no se arrepiente, y vive cada minuto de la forma más intensa que existe.

Esta novela me ha devuelto a mi niñez, a esos días en el colegio, a los nervios anteriores y posteriores al primer beso, a los sentimientos que se parecen al amor pero que realmente no lo son, al primer amor de verdad, a las mariposas revoloteando, al miedo de poder perderlo todo en un segundo, al deseo de permanecer así siempre.

Hay quien pensará que es tan sólo un libro para niñas, pero yo no lo he sentido así. Creo que en realidad está escrita para nosotros, que ya dejamos atrás todo aquello y que nos hemos sumido en la madurez, en la monotonía cotidiana, en el mundo que va más allá de los sueños. Creo que en realidad está escrita para hacernos recordar que un día fuimos así, y que jamás debemos perder el niño que llevamos dentro para no marchitarnos.

Claro está que sus páginas encierran mucho más que lo que os he contado, pero os animo a que lo descubráis vosotros mismos. A mí personalmente, Moccia ha conseguido cautivarme una vez más, convirtiéndose esta novela en mi favorita de entre todas las que nos ha regalado.