jueves, 7 de abril de 2011

Recordando.


No sé si es normal o no pero lo cierto es que aún, de vez en cuando, te asomas por el balcón de mis recuerdos. Y te miro. Y tú me miras y sonríes. Y dices alguna de esas cosas sin sentido que tanta gracia me hacían. Y extiendes tus brazos esperando a que me esconda en ellos. Y me acuerdo del sabor de aquellos días. De la felicidad absoluta y las miradas cómplices. De las caricias no meditadas y las cosquillas que me hacían rabiar. Me acuerdo de los sueños que quedaron por cumplir. De los escalofríos que me recorrían cuando me hablabas a oscuras. De tu mano no queriendo soltar la mía al tener que despedirnos.

Luego todo se vuelve borroso, como si fuera un sueño y fuera a despertarme porque entra luz entre los huecos de la persiana. Y lo único que queda es el sabor amargo y la nostalgia por una historia que nunca fue verdad aunque yo así la viviera. Me queda la sensación de no haber avanzado lo que creía en tantos meses. Y el espacio que antes fue tuyo al otro lado de mi cama.

Y me da por pensar en que quizá no te he olvidado. Que tal vez aún viva en mí ese amor tan grande que pude regalarte mientras estábamos juntos. Que puede ser que con el tiempo se me haya olvidado el daño que me hiciste.

Pero me froto los ojos, y sigo despertándome poco a poco. Descubro que nada de eso es cierto. Que he avanzado. Que no te quiero. Que te he olvidado. Es simplemente que se hace inevitable mirar hacia atrás algunas veces y acordarte de quien eras. Sabiendo que jamás volverás a ser esa persona; pero con la certeza de que te gusta en quien te has convertido.