jueves, 16 de junio de 2011

Desvaríos varios VII


"La vida se compone de instantes. Como el instante en que decides dejar de fumar, o ese en el que te das cuenta de que el tren pasa sólo una vez.

También se compone de segundos, minutos y horas. Como esas miradas sonrientes que se cruzan por la calle y aunque duran apenas un segundo alegran tu día. O el minuto que tardamos en calentar el cola-cao del desayuno que nos hace empezar la mañana de buen humor. O la hora que se nos hace tan corta a veces y no deseamos que termine nunca.

Después vienen los días, las semanas, los meses y los años. Esos días que parecen ser simples días pero que terminan siendo un recuerdo imborrable en nuestra memoria. Y las semanas que pasaste delirando en tu habitación, estudiando sin parar para al final sentir que ha merecido la pena. Los meses de verano en familia, que al final se traducían en nuevas amistades y un “papá, mamá, llegaré tarde”. O los años que dejamos atrás, que nos han hecho crecer, encontrarnos y finalmente ser quienes en el fondo, siempre quisimos ser"


La verdad es que no tengo ni idea de en qué punto estoy. Hace tiempo que dejé de mirar el mapa. Pero siento que este lugar es mejor y el próximo superará con creces al de ahora. Porque es lo que quiero. Porque me lo debo.

Aún tengo miedo y sé que no todo el mundo será capaz de entenderlo. Pero cuando sientes como algo dentro de ti se rompe en mil pedazos, y escuchas atentamente a aquellos que dicen “dentro de un mes ni te acordarás”, sólo puedes pintar tu rostro con una sonrisa amarga. Y es difícil entonces continuar como si nada; ser capaz de no perder la fe; tirarse a la piscina de cabeza. Porque en el fondo, desengañémonos, estamos aterrorizados. Apenas nos hemos recompuesto; unido y arreglado cada trocito. No es fácil arriesgarse de nuevo a experimentar algo similar o parecido.

Tal vez sea injusto. Pero para mí, sería más injusto darle a alguien un corazón en mal estado. Y mucho más injusto esconderte en otros brazos sin nada que ofrecer. Porque cuando te lo quitan todo y te quedas sin nada, cuando no eres más que un vacío absoluto y una lágrima hecha persona, lo justo es regalarte el tiempo necesario para recuperar lo perdido y aclarar tu mente. Entonces sí podrás volver a querer con auténtica sinceridad.

¿Quiero sentirme bien? Por supuesto. Quiero, quiero, quiero y quiero. Pero por mucho que digan no siempre depende de lo que nosotros queremos. El querer sólo acelera el proceso para conseguir nuestro objetivo. Y ando, no me quedo quieta, porque aunque podría conformarme con este lugar ¿quién no desearía estar en un lugar mejor? Éste es mi instante, ese en el que me paro a escribir que aún temo. Nos vemos en el siguiente.