lunes, 18 de junio de 2012

Él.



No recordaba cómo era. Sentir una caricia en mi rostro repleta de cariño. Posar mis manos en unas manos que se entregan sin pensarlo. Observar mi reflejo en unos ojos que me invaden dulcemente hasta llenarme de escalofríos. No recordaba que podía. Volverme libre aún sabiendo que estoy anclada a sus abrazos. Reír sin motivo hasta quedarme sin aire. Regalar mil besos sin temor a que mi corazón termine levantando nuevamente el cartel de obras. No imaginaba lo que aún era. La niña que pierde la noción del tiempo. Que encuentra las ganas de pasar horas hablando de cualquier cosa. Que confía; que se pierde y que se encuentra en unos labios; que no tiene miedo; que lo espera todo y que no espera nada. La niña que conserva la esperanza inocente de que un ser humano vea en ella algo que otros no fueron capaces de ver. La niña que no se rinde, y que le espera, con su vestido nuevo y sus heridas viejas. No imaginaba que existía. Él. Sus ojos bonitos. Su dulce ironía.

viernes, 4 de mayo de 2012

Voy a marcharme de ti.

-Voy a marcharme, quería que lo supieras. -¿Marcharte? ¿Dónde?
Voy a marcharme de ti. Me voy de nuestras largas conversaciones de madrugada. Me alejo de los silencios que jamás quisimos ensuciar con palabras. Escapo de aquellos besos que nunca dimos por miedo al fracaso, y de todas las miradas que se cruzaron en un instante de valentía. Voy a marcharme de ti. Me voy de nuestra absurda manía de no admitir que nos queremos hoy, igual que nos quisimos aquella vez. Me alejo del dolor de vivir en primera persona como el tiempo hace que nos perdamos el uno al otro. Escapo de la posibilidad de no sentirme capaz mañana de afrontar que somos tú y yo los únicos culpables de que exista una piedra en el camino. Voy a marcharme de ti. Tú deberías marcharte de mí. Soltémonos del todo, pues ambos sabemos que si hemos de encontrarnos de nuevo en algún punto del camino, seremos capaces de distinguirnos entre todo aquello que nos rodee.

jueves, 12 de abril de 2012

Ahora o nunca.


En un beso, sabrás todo lo que he callado (Pablo Neruda)


Dame otros cinco minutos para soñar. Quiero tenerte en mis brazos. Quiero sentir por última vez el calor de tu aliento en mi espalda, y que tus piernas rodeen mi cuerpo. Quiero susurrarte al oído esas palabras que nunca me atreví a decirte y que se aferran a mis labios cada vez que te veo. Quiero que te veas en mis ojos y entiendas por qué nunca fui capaz de dejar de quererte.

Dame otros cinco minutos para creer. Siento que te echo de menos. Siento que todo a mi alrededor cobra sentido cuando sonríes y me miras esperando verme sonreír. Siento que las horas pasan demasiado deprisa cuando estamos juntos y que la distancia es enorme cuando pasan los días sin saber de ti. Siento que este amor ha despertado y es incapaz de volverse a dormir.

Dame otros cinco minutos para volar. Pienso que a veces pienso de más. Pienso que debería dejar de refugiarme en el miedo y respirar el valor suficiente para aferrarme a tu mano. Pienso que este es el momento perfecto, ahora o nunca, para nunca o para siempre. Pienso que cuando eres capaz de imaginar un futuro al lado de alguien deberías al menos, intentarlo. Pienso que la vida nos da otra oportunidad para hacerlo bien.

Dame otros cinco minutos para soñar. Apaga el despertador. No te separes de mí. Hoy vamos a arreglar el mundo desde esta cama. Hoy vamos a mirarnos como la primera vez. Hoy vamos a querernos como si de verdad eso fuera posible.


P.D: Foto cedida amablemente por mi amigo Diego.

viernes, 27 de enero de 2012

Al final del océano.



Llévate el invierno que habita en mí.
Necesito que seas el paraguas que me salva de esta tormenta.
Necesito que seques las gotas de lluvia que resbalan por mi cara.
Necesito que me abrigues el pecho con tus manos.
Trae para mí, otra vez, el sol de la primavera.


Por un segundo pensé que me ahogaba. El agua se abría paso a través de mi garganta y derribaba todo a su paso. Me estaba hundiendo y empapada, casi podía tocar con los dedos del pie la profundidad del océano. Y mientras descendía hasta la más clara oscuridad, se perdían a cada centímetro los sonidos que alguna vez me pertenecieron. Y mientras dejaba de respirar me daba cuenta de que no estaba esforzándome en nadar hacia la superficie. Me dejaba llevar por las corrientes marinas, tratando de llevarme hasta un límite que me hiciera reaccionar.

Dicen que cuando nos alejamos del mundo, ese que un día elegimos habitar, vemos pasar a través de nuestros ojos pedacitos de una vida que suponemos, era nuestra. Como pequeñas piedras que unidas conforman la armadura con la que luchamos hasta llegar hasta donde estamos en ese momento. Dicen, que al final, siempre encontramos razones para no desear marcharnos.

Yo te vi a ti. Te vi a ti, en cada roca, pequeña o grande; Te vi a ti, enseñándome a sonreír. Te vi a ti, enseñándome a apreciar el suelo que pisaba cada día. Te vi a ti, besando mis labios desde la más absoluta inocencia y el más profundo amor. Te vi a ti, uniendo nuestras manos para mostrarme un lugar para perderse, un lugar para soñar. Te vi a ti, llenándome de paz hasta el último resquicio de mi cuerpo. Te vi a ti, y encontré mis razones.

Por un segundo pensé que me ahogaba. Cerré los ojos. Saqué toda la fuerza que me quedaba y ascendí hasta alcanzar el aire. Y en un suspiro abrí los ojos. Tú estabas allí, como siempre, tendiéndome una toalla para secar de una vez toda mi tristeza.