viernes, 9 de enero de 2015

Esa.


"Las huellas de las personas que caminaron juntas nunca se borran". (Palmeras en la nieve)


A veces me miro al espejo y no me encuentro. Esa que me mira fijamente a los ojos, desafiante, no soy yo. Esa, que no tiene arrugas en la cara pero sí en el corazón. Esa, que prefiere el colchón para dormir y no para bailar hasta agotarse. No. No soy capaz de reconocerme en ella.


No sé por qué me ha dado por cometer el acto tan poco recomendable de mirar atrás. Y de repente, así, en un suspiro de polvo cubriendo mi cara me he encontrado. Una fotografía. Un vestido rojo. Las uñas siempre pintadas, y el pelo siempre liso. Mis mejillas contentas y mis ojos vivos. Luz. Luz a borbotones. 

Por un segundo lo daría todo por volver a ese momento. La inocencia de no conocer las grietas que la vida es capaz de abrir. La pureza de un amor que aspiraba a escalar montañas y conquistar cimas. El ansia constante de beberse la vida, como si ésta no fuera a agotarse nunca.

Por un segundo me invade la nostalgia. Y me doy cuenta de que quizá sea tarde.Tarde para rescatar el sol que tostaba aquellos días. Tarde para quererme así. Tarde, para coger las riendas, echarle ovarios y cambiarlo todo; recuperarlo todo.

A veces me miro al espejo y me encuentro en ella. En esa que tiene la mirada triste de haber perdido demasiado. En esa, a la que aún se le puede observar la juventud que han tratado de robarle. En esa, que con sus labios apretados jura que el mundo es suyo, para comérselo con patatas. En esa, que a veces, sólo a veces, sí soy yo.