domingo, 20 de septiembre de 2015

Te quiero.


Puede que tú no lo sepas, pero a través de tus ojos se ve el universo entero. Y sólo tú eres capaz de convertir la vida en un viaje de ida fascinante, donde cada parada es una lección y cada turbulencia un subidón de adrenalina.

Nunca te lo dije. Que mis otoños eran siempre primaveras con mi cabeza sobre tu pecho. Y que las pulsaciones me bailaban arrítmicas cuando sin siquiera rozarme, me hacías el amor a oscuras.

Nunca supiste que bajo tus dedos mi espalda era un piano dispuesto a cualquier melodía. Y que mis labios se aprendieron de memoria los pliegues de tu sonrisa.

Y ya no puedo callarme. Porque siento dentro una voz que grita hasta quedarse afónica. 

Que te quiero. Con una locura desmedida que me hace saltar al vacío. Con mi cuaderno en blanco y mi bolígrafo rebosante de tinta.

Te quiero. Porque en ti he encontrado las piezas que me faltaban para terminar de construirme. Porque sólo tus manos conocen el modo de curar mis cicatrices.

Te quiero. Y si dijera que a ratos te olvido estaría mintiendo, porque hasta mis sueños se han enamorado de ti. 

Te quiero. Con las luces encendidas. Con el dolor antiguo al descubierto. Con el calor de mis mejillas. Y con todos los besos que no te di y siempre te pertenecieron.