jueves, 9 de junio de 2016

Cosas que ya no importan.


Dejó de importarle. Que las paredes parecieran respirar al mismo compás que cuando sus dedos le recorrían la espalda. Que la almohada aún oliera a la playa dónde le amó por primera vez. Sin el dolor de las cicatrices. Dejó de importarle la lluvia chocando contra el cristal, trayendo consigo el recuerdo de una tarde que decidieron no salir a cenar para comerse a besos. Dejó de importarle la luz del sol colándose entre las rendijas de la persiana, como si la vida, la muy puta, quisiera despertarla para seguir haciendo de ella un chiste. Y así, dejaron de importar muchas cosas, como el silencio llenándolo todo de llamadas que nunca llegarían; como el viento, que siempre le sacó tanto de quicio; como el sabor del chocolate, que ya nunca sabría tan dulce como en sus labios. Dejó de importarle. Porque entendió, que a pesar de haberse repetido siempre que no debía darle el poder de destrozarle el corazón, al corazón eso no le importaba. Y como buena kamikaze saltó al vacío sin saber que el subidón de adrenalina dura apenas unos segundos, pero el golpe te puede arruinar la vida si no te aseguras de que al fondo no hay asfalto. 


P.D. Sigo viva, aunque mi inspiración ahora se mueve más por Instagram ;)